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domingo, 16 de marzo de 2025

PEDALADAS I 2025


 Avanzado ya el mes de marzo. Pletórico de lluvias y a la vuelta de la esquina: la primavera. Primeros esquejes de este año 2025. Primera pedalada también de este año, donde me gusta comentar mis sensaciones, y reflexiones.

Este principio de año nos ha traído varios decesos que han causado revuelo, el rimero de ellos el de David Lynch y su conocidísima Twin Peaks. A mi, la verdad me pilló en un piso de la zona de San José, donde no teníamos mas que una vieja televisión en blanco y negro, que no estaba preparada para emitir las privadas que empezaban su andadura, así que me perdí aquel Telecinco, sus mama chichos y el asesinato de Laura Palmer. Más me ha impresionado la muerte de Santi, el que era el propietario del Bar Artigas. ¡Qué buenos ratos en ese bar!¡Qué buenos pinchos!¡Y qué buena gente era ese hombre! Siempre con una sonrisa,   siempre amable y siempre te servía raudo y eficaz. Durante un tiempo viví cerca de su bar y era rara la semana que no pasaba por allí un par de veces, el finde los montaditos , entre semana las raciones. Con su cierre allá por la pandemia, sentí que perdíamos algo propio, una parte de mi historia cerraba capitulo. He leído algún artículo de algún exitoso y sesudo escritor, lamentando la muerte de Lynch y diciendo que esa pérdida era como de alguien muy cercano. Para mi, esa sensación ha sido, con el propietario del Artigas. Lo cerró y siempre guardas la esperanza de que se lo replanteara y lo volviese abrir, de esta manera, ya entiendes que es irreversible, una gran pena.

Hace poco pude ver "La  estrella azul", entrañable película sobre Mauricio Aznar. Traigo su foto para ilustrar esta entrada en claro homenaje.

 Sabía de su filmación desde el principio, ya que tanto la productora, como el director eran familia de amigos de mi hijo mayor. Incluso éste acudió como extra de alguna escena de la peli. Luego ha venido el reconocimiento, los conciertos, el éxito en los Goya y la oportunidad de verla. Me gustó. Me quedé con ganas de más, de entrar más en el universo de Mauricio. Me pareció muy original, cálida, me pellizcó un poquito el corazón. Comprendo y comparto el éxito. Deseo que tanto la productora como el director, nos deleiten con nuevas creaciones del estilo. Por mi parte, seguiré descubriendo cosas de Más Birras y de Mauricio.

Hablando de cierres y establecimientos hosteleros, de sitios que están enredados en nuestros recuerdos y vivencias, la Taberna del General, cercana a la calle Supervía y detrás de Manuel Lasala también ha cerrado. También sitio que en cierta época frecuenté . Peculiar lugar cuya especialidad eran las patatas asadas y que regían entre dos, creo que eran, hermanos. Nos están cerrando los recuerdos. Los lugares donde vivimos, nos emocionamos, disfrutamos. En fin, la vida. Nada permanece, ni lo más sabroso. 

De un tiempo a esta parte, el paisaje hostelero de esta ciudad está cambiando a pasos agigantados y mucho me temo, que si no a peor, seguro, que a más caro.

Larguémonos, chica hacia el mar, no hay amanecer, en esta ciudad...



martes, 31 de mayo de 2022

... ESTE SOL DE LA INFANCIA.

 


Traigo por aquí, la que va a ser (si tienen a bien publicarlo), mi primera colaboración con la revista "El prau", de la asociación El Castillo de Langa del Castillo. Espero que ésta sea la primera de muchas, desde comentarios de libros, pasando por cosas de castillos, relatos, o todo aquello que se me ocurra, como el tema del que trato en esta primera ocasión, los recuerdos felices de niño.

Este sol de la infancia.

Decía el poeta Rainer Maria Rilke que la verdadera patria del hombre es la infancia. A ella se regresa en los momentos que todo se derrumba, donde nos refugiamos cuando el presente nos supera. A estos recuerdos, debió de volver el también poeta, Antonio Machado, cuando cansado y triste, por un exilio forzado, dejó su vida en Collioure. Días después de su muerte, su hermano recogía sus cosas de la pensión, y encontraba en el bolsillo de su viejo abrigo, los que fueron sus últimos versos “Estos días azules y ese sol de la infancia”.  Sin duda, envuelto en una gris realidad, se aferró, a aquellos recuerdos de su niñez.

Qué importantes los recuerdos infantiles. Crean las raíces que hacen no tambalearnos, que nos aferran a las tradiciones, al entorno, que nos dicen quiénes somos y de dónde venimos.

De niño yo era huérfano de pueblo. Vivía en una pequeña ciudad, donde los usos y costumbres en aquella época, no distaban mucho de la vida en un pueblo, en cuanto a que la calle era una extensión de la casa, que el entorno estaba controlado y era seguro, cruzándonos con personas que nos conocían y sabrían encontrar a nuestros padres en caso de algún percance. Lo que realmente diferenciaba el vivir en un pueblo o en una ciudad, por pequeña que ésta fuera, era el flujo de población a la llegada de la temporada del verano. Las ciudades, llegado el tiempo estival, se vaciaban, buscando su población, las playas, los pueblos o diferentes destinos, lejos de su rutina diaria. Por el contrario, los otros, recibían un aluvión de visitantes,  antiguos vecinos que marcharon a la capital, o familia de los que aún vivían en el pueblo, forasteros curiosos, o los que tenían todavía su casa y llegadas estas fechas la dotaban de nuevo de vida y alegría. Las calles volvían a llenarse de bicicletas, risas y carreras de los chavales y chavalas que volvían, por estas fechas.

Un pueblo en verano es todo alegría, peñas, fiestas, conversaciones a la fresca, aire libre, libertad, aventura y un lugar estupendo para ser niño.

En verano, la ciudad, es una postal desolada, el aburrimiento hecho asfalto.

De un tiempo a esta parte, mi orfandad ha desaparecido, pues he sido adoptado por Langa del Castillo. Pero, sin ninguna duda, el mayor beneficiado de esta adopción es mi hijo Mario, que de esta manera, pasa varias semanas de sus vacaciones con sus abuelos. Juega en la calle, hace amigos, a todos saluda y les cuenta sus cuitas, va al regachuzo, al frontón, al parque a jugar con los columpios, pasea hasta el Paso, cogiendo palos y espigas, se baña en la piscina y acaba el día agotado, de manera, que al día siguiente, alarga la hora de despertar, para alegría de los yayos.

 Los veranos pasados y los que quedan por venir, tejerán en su mente de niño, unos pensamientos felices, a los que podrá recurrir cuando la vida no le sea demasiado benévola, aunque espero y deseo, que nunca se encuentre, en similares situaciones, como las del desdichado Machado. Pero ahí estarán sus raíces, reconocerá a los suyos y sus lugares, al que de alguna manera pertenece y eso ayudará a  imprimir su carácter.

 Este es el primer regalo que dicen que  hay que conseguir para nuestros hijos, el segundo son las alas. Para volar lejos, alcanzar los sueños, ser autónomo,  Pero ésta  ya es harina de otro costal.

sábado, 25 de diciembre de 2021

PEDALADAS VII

 

 

Y así, callandito, callandito vienen las celebraciones navideñas y con ellas la llegada del nuevo año. 

El dichoso covid no ha podido esperar y ha querido su protagonismo en las mismas, la variante omicron, haciendo estragos en los contagios, aunque estos evolucionan de manera más leve. 

Ya vamos haciendo repaso, listas, recopilando recuerdos e hitos que nos ha traído este año, para despedirlo con la satisfacción del deber cumplido al 2021. Elaboraremos, con más optimismo que voluntad, los nuevos retos para el 2022, ya sabéis, aquello de perder peso, volver a correr, aprender francés, la paz en el mundo y cosas por el estilo.

El blog no ha sido muy prolífico, quizás cierre este año con el número de entradas más pequeño desde su creación, tampoco las lecturas a lo largo del mismo han sido demasiadas. Qué le vamos a hacer. Lo bueno, que he seguido haciendo cosas por primera vez, y eso es impagable. 

Los viajes, pro desgracia siguen sin estar en el horizonte, está el mundo como para ir preocupadamente por ahí.

Estoy viendo la serie G.E.O y me está encantando.

Este año hemos despedido a Fernando Rosuero, falleció el 5 de diciembre y me llevó de nuevo a la calle Juan José Garate y las clases en su gimnasio, al recuerdo de Pedro Vallejo y a aquel año 1988 de la huelga general. Que la tierra te sea leve karateca.  Por desgracia no es la única persona a la que hemos despedido este año. La vida es un bien finito, y por suerte o por desgracia, la muerte pone en valor ese bien. Lo mejor que pueden decir de nosotros es que somos unos disfrutones, disfrutemos: de la vida, de los amigos, de la comida, del deporte, de los retos, del trabajo, de la familia, de los libros, de la naturaleza, del cine, del presente.

El pasado no existe y el futuro es una proyección del presente, el presente es la única realidad. Matrix nos dice que vivir en una simulación es una posibilidad, lástima no disponer de vidas extras.

jueves, 25 de noviembre de 2021

603138


Como cantaban Les Luthiers: "los jóvenes de hoy en día..." y hasta ahí la cita; no sabrán lo que eran los prefijos telefónicos, cuando la telefonía era analógica, cableada y con una ruedecita que giraba mientras marcábamos el conjunto de números de nuestro interlocutor. Cuando si había dos teléfonos en casa y decolgabas mientras estaban hablando, podías ser testigo de la conversación. Cuando el cable te ataba a lugar donde estuviera colocado el teléfono, las más de las veces en el recibidor de la casa. Donde cuando llamabas a casa de una chica, te podía descolgar su padre, su hermano, la abuela o cualquier otra persona, a la que tenias que explicarle quién eras y porqué querías hablar con fulanita. Eso era echarle huevos a las relaciones y lo demás tonterías.
Por ese motivo, tampoco entenderán el comienzo de la canción de Hombre G "la carretera". Arranca con la frase: "Me paso la vida marcando el 91...", indicando que estaba todo el día fuera de Madrid, en gira con los conciertos que les llevaban por toda España y que para hablar con su chica tenía que marcar ese prefijo de Madrid, que era el 91, el de Teruel era el 978, el de Zaragoza el 976 y así sucesivamente para cada una de las provincias de España. 
Llegó la telefónica móvil, internet y nuestra forma de relacionarnos, quedar, ligar, trabajar y en definitiva vivir, cambiaron de manera radical. 
Era una época en la que conocíamos los teléfonos de  nuestros abuelos, de nuestra casa, de lo  amigos, los teníamos todos perfectamente memorizados, yo todavía tengo guardados en mi disco duro alguno de aquellos números que marcaba con más asiduidad, cuando llamábamos las tardes de los domingos, o las tardes antes del fin de semana, desgranado las monedas que llevábamos para mantener la conversación.
 El número que encabeza esta entrada era el número de mi casa de Teruel. Al que llamaba por ejemplo mi primo cuando quería gastarme una broma el día de los Santos Inocentes. 60 31 38, hoy estará en el limbo de los números buenos. Hoy no tengo memorizado ningún teléfono al que llamo, para eso esta la memoria de mi móvil. Si me quedara sin él, sería incapaz de llamar a nadie para que viniera a echarme una mano, sólo quizás al teléfono fijo de mi trabajo
Cuando estábamos fuera de casa, las cabinas era el único cordón umbilical que nos mantenía unido al cariño de los nuestros. Eran albaceas de nuestros afectos, testigos de nuestro caminar por las ciudades y hasta protagonistas de películas.
"Me paso la vida marcando un 91...".
Os dejo la canción "la carretera" de Hombres G.


jueves, 24 de junio de 2021

La chica que lloraba ginebra.


 Hace un tiempo frecuentaba el blog llamado "Manual del bon vivant", con entradas realmente míticas. Firmaba su autor bajo el seudónimo del Guardian en el Centeno, hoy sabemos su verdadero nombre: Javier Aznar. Hoy ya no se puede acceder a ese blog que colgaba de ELLE y es una verdadera lástima.
He podido encontrar una de esas entradas y la traigo por aquí, titulada: La chica que lloraba ginebra. Huele a verano, a ginebra, sal y recuerdos.


Una noche se quedó mirando una playa.

Y empezó a hablar.

- A veces me da miedo olvidarme de mi padre. Y me enfado con mi memoria. Y ahora como pescado azul como una loca porque leí que el Omega 3 es bueno para la memoria. Ojalá tuviera tu memoria de elefante.

- Bueno, en realidad es un mito eso de que los elefantes tengan buena mem… –  traté de puntualizar yo.

- Cállate, merluzo.

Y señaló la playa.

Cuando era pequeña una vez fui en barco con mi padre y con mi hermana Patricia. Ella llevaba un bañador de Minnie bastante ridículo. Estaba muy morena. Negra. Siempre jugábamos a un juego llamado Tiburón. Mi padre paraba el 

barco, se tiraba al agua y nosotras nos quedábamos en el barco, en silencio, en tensión, y de repente emergía del agua por el sitio más inesperado. Mi hermana me agarraba fuerte hasta que se le ponían los dedos blancos. Esos segundos sin mi padre eran terroríficos.

Cuando volvíamos le pregunté a mi padre que cuánto me quería. Y no me llames cursi. Pero tenía obsesión por cuantificar las cosas. Me encantaba pensar que el discoThriller de Michael Jackson había vendido 40 millones y me imaginaba a todos los ciudadanos de España, a todos y cada uno de ellos, con un disco de Thriller en la mano. Cuantificar las cosas es importante.

Así que le pregunté:

- Si me cayera ahora al agua, ¿irías detrás?

- De cabeza

- ¿Aunque hubiera tiburones?

- Aunque hubiera tiburones

- ¿Aunque hubiera orcas asesinas?

- Aunque hubiera orcas asesinas.

No me debieron de resultar del todo satisfactorias estas respuestas así que pensé un rato y volví a la carga.

- ¿Y si alguien me secuestrara y me liberara solo si tuvieras que contar TODOS los granos de arena de esa playa?

- Los contaría.

- ¿Todos?

- Uno a uno

- ¿Aunque tardaras?

- Aunque me llevara toda la vida.

Y ya me quedé tranquila.

Ahora mi padre no está. Ya no saldremos en barco. Ya no jugaremos a Tiburón. Ya no saltará por mí si me caigo al agua con orcas asesinas. Pero las playa sigue ahí, intacta, con sus granos de arena. Y a veces se me borra algún gesto de su cara. O el olor de su jersey. Y me pongo nerviosa. Y me enfado. Pero entonces pienso en una playa y me tranquilizo. Porque me acuerdo de ese amor infinito que no borrará ni el tiempo, ni mar, ni el viento ni la lluvia.

Y no, no estoy llorando. Es ginebra esto que me sale por los ojos. He bebido demasiado.

Y yo quiero a alguien que me quiera así. Que cuente todos los granos de arena por mí.

A lo mejor te parece una tontería todo esto.


viernes, 31 de enero de 2020

Pedaladas I 2020


Pero que difícil se hace siempre empezar un nuevo año. Desglosar cada uno de los nuevos propósitos, poner la fecha correctamente sin equivocarte, dejar marchar a ese año que hasta ahora era tu presente, para convertirse en pasado y pasar a ocupar una habitación en ese gran palacio de la memoria. Donde coinciden en los espacios comunes recuerdos de tu infancia, juventud, de aquel verano de 1996 o del 2011, o la primavera del 2013, o el invierno de 2001, o tantos y tantos retazos de vidas y recuerdos.
Dejar ir, hacer hueco, tirar. Como si fuera tan fácil ésto último: tirar.
Hace dos noches tiré unos tubos de acuarelas que llevaban conmigo más de treinta años. Los tubos estaban enteros, sin abrir, pero algunos ya supuraban nostalgia y olvido a la vez, dejando un resto pringoso, en la base de la lata que  les servía de panteón. No era, por supuesto, su caja original, ésta de madera ya desapareció, infectada de carcoma y mudanzas. Treinta años que esperaron a ser abiertas para inundar el mundo de color y que han acabado su vida en el fondo de una bolsa de basura. A algunos les hice un entierro vikingo, aquellos que fueron buenos y no se resistieron  a su apertura, vomitaron su contenido, tiñendo los restos de su pigmento: verdes, azules, rojos, sienas, esmeraldas. Unos residuos tornados a  multicolor, un final exiguo, carente de toda gloria, pañales y cortezas de queso que bien podrían ser la última tendencia en ARCO. Allí fueron después de tantos años, aún me resistía a tirarlos, aún busque alguna escusa  exculpatoria que les librara del cadalso del cubo de basura, pero no la encontré o al menos no fue muy convincente y por fin, después de tantos años sin usarlas, allí fueron. Y conforme las abría, volvía a mi recuerdo aquel joven idealista, que le gustaba pintar con acuarela y que fue incapaz de hacerlo durante muchos años. 
¿Cómo somos capaces de perdernos tanto?¿Cómo nos engaña la vida con otras cosas, con lo que llaman responsabilidades, para dejar de hacer lo que realmente nos gusta o nos apetece, o nos hace sentir vivos?
Tanto me gustaban aquellas acuarelas, tan buenas me parecían y tan ocupado estaba en otras cosas, que nunca era el momento de usarlas, nunca era la ocasión adecuada, tan bueno debía ser el dibujo que nunca llegó. Al final supuraron tristeza y abandono, para recordarme que estaban allí y que no las había utilizado en todos estos años. Si existe un limbo de las acuarelas, me estarán contemplando desde allí y me echaran en cara su existencia perdida. La de dibujos y cuadros que podrían haber ilustrado, los amaneces que podíamos haber contemplado junto. Al final mal empleadas.
Primera lección del año, que viene con la primera pedalada del año.
Ya me atrevo a despedir al 2019, a decirle adiós, no has estado mal, esta década no. 

miércoles, 4 de septiembre de 2019

El final del verano llegó y tú partirás...



No hay nada más triste y más evocador del final de verano, que el último capítulo de Verano Azul, donde todos se despiden, rodeados de ausencias y recuerdos. Y ya para rematar, en el paroxismo de la depresión, cuando Julia coge el coche que la lleva a la gran ciudad, mientras se oye de fondo la canción "El final del verano" del Dúo Dinámico. Deprimente hasta el dolor.
 
 
Risto Mejide dice, que su generación, aún no ha superado el final de Verano Azul y tiene toda la razón.
Para más "Inri", estos últimos días de agosto, a medio día, han vuelto a reponer la serie más repetida de la historia de la televisión española, y mira por donde, volví a pillar el último capítulo, las despedidas de Javi, Quique y Bea, Desi, de Pancho, de Tito y el Piraña (Manolín),  y la depresiva y taciturna marcha de Julia. Zas en toda la boca, no tenía suficiente con haberme incorporado de mis vacaciones en Oropesa, para que me encuentre con semejante alegato del suicidio colectivo.
Nos vienen a decir que no acababa un verano, no,  acababa la vida como la conocíamos hasta entonces, acababa la infancia, la inocencia, lo bueno. A partir de aquí todo hacia abajo y sin frenos, a peor. Esos nos decían, los muy canallas, querían hacer sangre, dejar huella y vaya que lo lograron los muy sádicos.
Al menos a Mercero tenemos que agradecerle que no hubiera una segunda parte, que lo dejara ahí, en todo lo alto, para desgracia de nuestra nostalgia y gloria de nuestra memoria seriéfila.
Todavía, hoy, cuando cojo la bici silbo aquella sintonía.
 
 
 
 

miércoles, 7 de agosto de 2019

Vacaciones en el mar.


Quién me iba a decir a mi, nacido en la España interior, aún más, nacido en la España vacía, que surcaría el Mediterráneo cual pirata berberisco, acechando y desembarcando en los puertos de Nápoles (ahhh la bella Italia), Civitavequia, Livorno y Villafrache . Pero así ha sido este verano. La familia en pleno hemos disfrutado de un crucero por el mediterráneo más cercano.
Hemos visitado lugares cargados de historia, navegado por donde ya lo hicieron los fenicios, Aníbal y los cartagineses, por supuesto las águilas romanas,  la flota aragonesa y más recientemente hasta la sexta flota.
Era impresionante estar rodeado completamente de agua, llegar a los puertos o alejarse de ellos, mientras la popa iba dejando una estela plateada a su paso. Los atardeceres, con el cielo empeñado en parecerse a un tequila "sunrise". O desembarcar estando el barco fondeado en una bahía y dirigiéndonos a tierra con una embarcación más pequeña, sintiendo el batir de las olas en el pequeño casco y acercándote a la costa salpicada de bonitas casas de colores. En ese momentos no desearías irte de allí nunca, querrías mudarte a vivir asomado a alguno de esos balcones orientados al Mediterráneo, observando cada cierto tiempo, como enormes cruceros, desembarcar a floreados turistas que miran estupefactos y con envidia, las fachadas de las casas desde las que observas.

 

Todo eso, en relación de las sensaciones de navegar y aproximarte a la costa. Si ya hablamos del lujo asiático del interior de estos barcos, el buffet, la barra libre, la cantidad de actividades de todo tipo, el casino, la comodidad de viajar en una autocaravana flotante, donde te movías pero sin moverte, sin hacer/deshacer maletas y con una extensa tripulación a tu servicio, presta a satisfacer cualquier demanda que les hicieras, desde un mojito, pasando por unas olivas gordales, un "destornillador", o una piña colada. Vamos: el paraíso en la Tierra, o mejor dicho en el agua.
Por una semana vivimos como auténticos "pachas", aristócratas del mar, niños consentidos, con la única preocupación y responsabilidad de elegir correctamente el segundo plato del menú.

viernes, 5 de julio de 2019

Las máquinas del tiempo

 
 
No os ha pasado alguna vez que un objeto, un olor, un sonido, o incluso una acción, os crean una sensación que os transporta a vuestra niñez, a vuestra adolescencia, a las primeras veces que salíais con amigos, los primeros viajes, las primeras aventuras.
Auténticas máquinas del tiempo que nos trasladan a un universo anterior, cuando llevábamos las rodillas llenas de arañazos, o cuando empezábamos a elegir nuestra ropa, cuando todo era nuevo, desconocido y fascinante.
Os nombro algunas de ellas:
 
Montar en bici.
El gel mousel o magno.
Una cafetera italiana.
El olor al forro de los libros y la ceremonia de todos los principios de curso, de forrar los nuevos.
La mercromina.
Cuando el mundo acababa en tu jardín.
Unos Levis 501.
Unas zapatillas de piel blanca NIKE.
Un concierto, de Hombres G o de Loquillo.
Una canción, de lo 80, 90.
La lectura de un libro o un relato, para mi un increíble viaje en el tiempo es el "El Señor de los anillos" o el relato de Eloy Tizón, "la velocidad de los jardines".
El olor de un guiso, de un suavizante.
Una serie, como "Verano azúl" o "Curro Jiménez", "Alf".
Una peli como "Regreso al futuro" o "Top Gun".
 
 
Seguro que vosotros identificáis estas máquinas del tiempo y también tendréis las vuestras propias. Disfrutemos de estas regresiones.
Sin ir más lejos el otro día me compre de nuevo un Levi´s 501, y estoy encantado, como si tuviera 16 años.

viernes, 7 de junio de 2019

La velocidad de los jardines.



Hace dos días releí "La velocidad de los jardines", un cuento extraordinario de Eloy Tizón. Un relato que cada vez que lo lees te lleva en volandas a tu propia clase de 3º de Bup, "La primera frontera", en el que había que elegir el camino de las letras o las ciencias.
 
Muchos dijeron que cuando pasamos al tercer curso terminó la diversión. Cumplimos dieciséis, diecisiete años y todo adquirió una velocidad inquietante. Ciencias o letras fue la primera aduana, el paso fronterizo que separaba a los amigos como viajeros cambiando de tren con sus bultos entre la nieve y los celadores. Las aulas se disgregaban. Javier Luendo Martínez se separó de Ana Mª Cuesta y Richi Hurtado dejó de tratarse con las gemelas Estévez y Ana Mª Paz Morago abandonó a su novio y la beca, por este orden, y Christian Cruz fue expulsado de la escuela por arrojarle al profesor de Laboratorio un frasco con un feto embalsamado."
 
Cada vez que lo leo es como si me transportara en una máquina del tiempo y volviera a sentarme en aquellos pupitres, mirara por aquellas ventanas y atravesara el patio lleno de bullicio y hormonas adolescentes.
 
"Los primeros días de primavera contienen un aire alucinante, increíble, un olor que procede de no se sabe dónde. Este efecto es agrandado por la visión inicial de las ropas veraniegas (los abrigos ahorcados en el armario hasta otro año), las alumnas de brazos desnudos transportando en sus carpetas reinados y decapitaciones. Entrábamos a la escuela atravesando un gran patio de cemento rojo con las áreas de baloncesto delimitadas en blanco, un árbol escuchimizado nos bendecía, trotábamos por la doble escalinata apremiados por el jefe de estudio –el jefe de estudio consistía en un bigote rubio que más que nada imprecaba–, cuando el timbrazo de la hora daba el pistoletazo de salida para la carrera diaria de sabiduría y ciencia. "
 
Yo también tuve que abandonar el colegio precipitadamente por un aviso de bomba, curiosamente cuando teníamos algún final de matemáticas o similar.
 
"Luego nos enteramos que sí, que el Renacimiento había enterrado la concepción medieval del universo. Fíjate si no en Galileo, qué avance. Resultaba que nada era tan sencillo, hubo que desalojar dos veces el colegio por amenaza de bomba. Los pasillos desaguaban centenares de estudiantes excitados con la idea de la bomba y los textos por el aire, las señoritas se retorcían las manos histéricamente solicitando mucha calma y sólo se veía a don Amadeo, el director, fumando con placidez en el descansillo y como al margen de todo y abstraído con su úlcera y el medio año de vida que le habían diagnosticado ayer mismo: hasta dentro de dos horas no volvemos por si acaso."
 
La luz, esa luz de la primavera de nuestra adolescencia..
 
"Pero volvamos al aire y la luz de la primavera, que deberían ser los únicos protagonistas. Se trataba de una luz incomprensible. Siendo así que la adolescencia consiste en ese aire que no es posible explicarse. Podría escribirse en esa luz (ya que no es posible escribir sobre esa luz), conseguir que la suave carne de pomelo de esa luz quedase inscrita, en cierto modo «pensada». Aún está por ver si se puede, si yo puedo. La luz explicaría las gafas de don Amadeo y el tirante caído de la telefonista un martes de aquel año, la luz lo explica todo. Ahora que me acuerdo hubo cierto revuelo con el romance entre Maribel Sanz y César Roldán (delegado). "
 
Nuestro despertar a la vida, los grandes acontecimientos en nuestros universos mínimos y finitos.
Las nostalgia o el hartazgo de los compañeros, a los que al final, algunos años después de abandonar el colegio echabas de menos, con sus vidas, sus manías, sus crueldades.
 
"No he vuelto a ver a ninguno. Tercero de letras no existe. He oído decir que las gemelas Estévez trabajan de recepcionistas en una empresa de microordenadores. ¿Por qué la vida es tan chapucera? Daría cualquier cosa por saber qué ha sido de Christian Cruz o de Mercedes Cifuentes. Adónde han ido a parar tantos rostros recién levantados que vi durante un año, dónde están todos esos brazos y piernas ya antiguos que se movían en el patio de cemento rojo del colegio, braceando entre el polen. Los quiero a todos. Pensaba que me eran indiferentes o los odiaba cuando los tenía enfrente a todas horas y ahora resulta que me hacen mucha falta."
 
Hoy veo esas sensaciones en la cara de mi hijo Santiago y en la de Javier. Como transcurren por las mismas sendas, tan parecidas y tan distintas. Estoy convencido que si dentro de diez años leyeran este relato, ellos mismos se trasladarían a sus patios, a sus amigos, sus profesores, sus mitos y sus aventuras. Cuando serán ellos conscientes de la velocidad que cogen sus vidas, de aquella: "La bici de mi niñez que se fue quedando sin frenos".
Estoy preparando una entrada, que duerme el sueño de los justos desde hace mese, titulada: "Las máquinas del tiempo", sin duda este relato es unos de esos ingenios que te trasladan a un lugar pretérito.
Algún día, me gustaría ser capaz de escribir de esta manera, con esa capacidad de emocionar, de involucrar, de identificar.
 

 
 
Tuve la suerte de estar en la presentación que Eloy y Sergio del Molino hicieron en Zaragoza de la reedición de ese libro mítico de relatos. Veis esta foto, yo estuve allí.
 

martes, 16 de abril de 2019

Arde París.



Viendo las imágenes del incendio de la catedral a orillas del Sena, no podía dejar de sentir varias cosas: Por un lado, que mis hijos se iban a quedar sin poder visitar, el que a todas luces, para mi era el monumento más bonito de París, sobre todo ese paseo por el cielo al lado de las gárgolas. Por otro, que algo mío se estaba quemando también, recuerdos, sensaciones. También la impotencia cuando ves que algo hermoso se destruye, sin que tú ni nadie pueda hacer nada por evitarlo.
Ver elevarse esas llamas en el cielo parisino, te da la sensación de que es nuestra vieja Europa la que es pasto del fuego. Vemos quemarse nuestra historia, nuestros orígenes. París recibe un nuevo golpe. Me embarga una terrible tristeza. ¿Encontrarán en las brasas el corazón de plomo de algunas de las estátuas que han perecido en el incendio?
 
 
No hay ninguna duda que Notre Dame vertebraba Francia, pero también Europa. Símbolo, de la occidentalidad, del cristianismo, de la medievalidad, de una ciudad que ha sido muchas cosas, la "bohemme", la moda, la modernidad, la ilustración, la revolución, la ocupación. Lo que no hicieron los alemanes en 1944, cuando aquel "Arde París", lo ha conseguido, dicen; un descuido en las obras. Espero, de verdad, sinceramente, que haya sido un accidente y que nadie haya sido, llevado por el fanatismo y la ira, el responsable de que cientos de años de historia, de identidad y de belleza sean devorados por el fuego. Eso sería un atentado contra la humanidad entera, contra la sensibilidad, la belleza, la cultura. De verdad, prefiero mil veces la versión del error, pues errar, efectivamente es humano, lo contrario, sería un acto de tal maldad, que prefiero no pensar que forma parte de nuestra naturaleza.
Que tras esta tragedia, sin ambages, pueda haber gente que se alegre o que desee que le pase a otro templo, por ejemplo el "tweet" de Máximo Pradera, por mucho que queramos envolverlo en el humor, hay cosas que no hacen ni puta gracia. Algunos se destapan y nos muestras sus enfermas y carcomidas mentes. Pues bien, indeseables, algo vuestro también se quemó anoche.
 
 

sábado, 9 de marzo de 2019

10º ANIVERSARIO DEL BLOG RETOLICAS.


Pues sí amigos y compañeros de bitácora, tal día como hoy, un 9 de marzo de 2009, comenzaba mi andadura en este espacio digital, donde publicaba mis citas, mis pensamientos, poesías, escritos, lecturas y demás. Aquí tenéis ese primer mensaje en la botella.
Ya van la friolera de diez años. Mucho tiempo y muy poco, recuerdo a aquella persona que empezó este blog, un año convulso, de cambios, con entradas que me retrotraen a otra realidad. Hoy, diez años después, algo queda de ese pionero, siempre queda algo, pero es una persona diametralmente diferente, rodeado de otra realidad, de otras circunstancias. Quizás se mantiene la mirada, el cómo llega a ver las cosas en incluso el como se enfrenta a ellas, casi todo lo demás ha cambiado.
Y dicen de la gestión del cambio, de adaptarse a las nuevas circunstancias, podría perfectamente escribir un libro al respecto, dar conferencias, convertirme en gurú entrópico, pero estoy completamente ocupado y centrado en vivir,¡se pasa tan rápido!
"La retólica maño, la retólica...".

lunes, 25 de julio de 2016

Recuerdos mentirosos



"...casi todos tus recuerdos importantes se convertirán en algo adornado por tu cerebro. Algo que irá a más con la edad. A los 15 años, una chica te agarró y te metió el morro. A los 30, ese recuerdo será una literaria historia de amor fugaz. A los 75 años, contarás a tus nietos como os besasteis sobre los fuegos del Monte del Destino, mientras el Anillo Único se consumía. Y en tu cabeza será verdad. Es, posiblemente, la parte que más mola de envejecer."
De la Revista CQ.
 
Curioso el tema de los recuerdos, dicen que somos malos recordando, pero muy buenos como narradores. Que con el tiempo los recuerdos son impostados, añadidos, y que mantienen un hilo de verdad, pero que distan mucho de los que pasó realmente.

Una científica, matemática y psicóloga americana, Elizabeth Loftus, ha consagrado su vida al estudio de la memoria, pero como ella dice: "Estudio no lo que la gente olvida, si no cómo recuerdan, cuando recuerdan cosas que no ocurrieron y si recuerdan cosas diferentes de como sucedieron en verdad y estudio falsos recuerdos."
Aún dice alguna cosa más como:

"...mucha gente cree que la memoria funciona como un dispositivo de grabación. Sólo necesitas grabar la información, luego la buscas y la reproduces, como cuando quieres respuestas a preguntas o hay que identificar imágenes. Pero décadas de trabajo en psicología han mostrado que esto simplemente no es cierto. Nuestros recuerdos son constructivos. Son reconstructivos. La memoria funciona más como una página de Wikipedia, puedes ir y cambiarla, y también pueden hacerlo otros . Empecé a estudiar este proceso constructivo de la memoria en los años 70. Hice experimentos que implicaban mostrar a la gente crímenes y accidentes simulados y luego les preguntaba acerca de lo que recordaban. En un estudio, mostramos a la gente un accidente y les preguntamos, ¿Qué tan rápido iban los autos cuando chocaron? Y a otros les preguntamos, ¿Qué tan rápido iban los autos cuando se estrellaron? Si en la pregunta decíamos "estrellaron", los testigos decían que los autos iban más rápido, y más aún, si en la pregunta se decía "estrellaron" eso hacía que la gente se inclinara por decir que vieron vidrios rotos en la escena del accidente cuando no había ninguno en absoluto. En otro estudio, mostrábamos un accidente simulado donde un auto atravesaba una intersección con una señal de "pare", y les preguntábamos insinuando que había una señal de "ceda el paso", muchos testigos nos decían que recordaban haber visto la señal de "ceda el paso" en la intersección, no el "pare". "

Incluso ha podido comprobar cómo puede haber una psicosis colectiva, que cree una sugestión y una distorsión en la memoria, construyendo unos recuerdos completamente ficticios. Esta doctora tiene muchos estudios al respecto. Pero en ese sentido, que mejor muestra que lo que pasó hace unos años aquí en España con el programa "Sorpresa, Sorpresa" de Isabel Gemio, donde mucha gente afirmó ver la escena de un perro, Ricky Martin y una jovencita. El bulo se extendió como una mancha de aceite, las versiones cambiaban la raza del perro, o el producto a untar, bien mermelada, Nocilla o foie-grass, pero la acción no dejaba lugar a dudas, de ir a dar una sorpresa Ricky Martin, a llevársela él y el equipo de grabación. Nunca se emitió semejante escena. La propia Gemio tuvo que desmentir en programas posteriores que hubieran hecho ninguna broma en ese sentido. Nunca se emitió, pero aún así hubo que gente que aseguraba haberlo visto con sus propios ojos. Un recuerdo impostado, una quimera, una ficción.



Da vértigo pensar que los propios recuerdos pueden construirse o reconstruirse, que se pueda sugestionar o que se amolden al antojo de nuestro subconsciente, o lo que sería peor, de un tercero.
Los recuerdos como ficción.
El gran combate del siglo: Memoria versus Invención.

Las fotos son fotogramas de la increíble película de Alfred Hitchcock, "Spellbound".

 

lunes, 18 de julio de 2016

Me acuerdo... (III)



- Me acuerdo de las vacaciones en alguna población al lado del mar. Cómo cambiaba el paisaje cuando nos acercábamos a la zona de playa, el olor a salitre y la alegría de ver aquella extensión de azul interminable.
- Me acuerdo de unas vacaciones en Torrevieja, unos jubilados alemanes me regalaron una caja de caramelos. Un chalet apartamento genial. Y despertarme llorando de la siesta porque no quería que mi papá se muriera nunca.
- Me acuerdo de las siestas obligadas las calurosas tarde del mes de agosto, para que no saliéramos a jugar a "la solera".
- Me acuerdo de la primera vez que grabamos algo en un video beta. Era algo como mágico, poder ver las veces que quisiéramos y cuando quisiéramos eso que "echaban" en la tele. En este caso era un capitulo de los pitufos.
- Me acuerdo que pregunté que significaba la palabra puta, me dijeron que eran mujeres malas, sin más explicación.
- Me acuerdo de las excursiones con mi hermano a una fuente, llamada de "la meona", era una auténtica aventura.
- Me acuerdo de mi Rieju, de mi moto, de las tardes con los amigos recorriendo las calles, caminos y carreteras de Teruel con ella.
- Me acuerdo de niño, subir al monte que está cerca de Castralvo y volver con casquillos de bala, metralla y mucha sal de moro.
- Me acuerdo del sabor amargo de las primeras uvas que salía en las vides y parras, antes de que se engordaran y endulzaran su sabor.
- Me acuerdo de los veranos interminables, con la sensación de estar perdiéndome algo y de no aprovechar bien el tiempo.
 
 

martes, 7 de junio de 2016

Me acuerdo (II)


1.- Me acuerdo y me han recordado muchas veces, cuando tenía tres años, estando mi madre embaraza. No existía eso de las ecografías. Escuche a mis padres hablar sobre los nombres que le pondrían al bebé en caso de que fuera niña, o en caso de que fuera niño. Yo corté aquella conversación de manera tajante, señalando la tripa de mi madre les dije: Eso de ahí es un niño y se llama Rafa.

2.-  Me acuerdo que con motivo de las fiestas de Teruel, la primera semana de julio,  hay atracciones, puestos de venta ambulante y espectáculos para los niños. Me llevó mi padre a ver uno de magia. Cuando acabó, no se cómo, nos encontramos en la calle con el mago y  de repente, acercó su mano a mi oreja y sacó algo, cuando me lo enseño me quede mudo, era el sello de oro que siempre llevaba mi padre en la mano.

3.- Cuando me levantaba por la mañana para ir al colegio, y veía como se reflejaban, los primeros rayos del sol, en el edificio enfrente de mi ventana.  Aquellos rayos madrugadores, eran la promesa de la llegada del buen tiempo y a no mucho tardar, las vacaciones de un largo e interminable verano.

4-. Me acuerdo de tardes en bicicleta con amigos, pedaleando hasta el río y allí pescando truchas que no daban la medida, hacer un pequeño fuego para asarlas y aderezarlas con las manzanas de los frutales cercanos.

5-. Me acuerdo mi multitudinaria celebración del 18 cumpleaños, junto con otros muchos compañeros y amigos. Un día mítico y feliz. Cerramos un bar por unas horas y compramos un barril de cerveza. Una auténtica catarsis onomástica colectiva.
 
6-. Me acuerdo de una noche de agosto, con un cielo limpio y estrellado, esperando ver las lagrimas de San Lorenzo. Ver una estrella fugaz... Y pedir un deseo.

7.- Me acuerdo cuando paseando con mi novia, nos encontramos con un hombre que era la alegoría perfecta de San Valentín y viéndonos tan acaramelados,  nos dijo literalmente:  Nunca se arrepientan de haber amado demasiado.
 
8-. Me acuerdo saludar el año nuevo rodeado de familia, teniendo en brazos a mi primer hijo, apenas nacido dos meses antes. Pensar que seria genial que las cosas siempre siguieran así.

9.- Me acuerdo de tener que elegir entre quedarme en  Madrid en un puesto exitoso de dirección general o volverme a Zaragoza, a un desempeño más humilde pero mejor para los míos.

10.- Me acuerdo de sentir como se desmoronaba todo lo que había ido construyendo con esfuerzo, sacrificio, con renuncias y elecciones. Ver como se cerraba una etapa muy feliz de mi vida y me asomaba al abismo de lo desconocido.


lunes, 6 de junio de 2016

Me acuerdo...(I)


El pasado miércoles, comencé un taller de literatura con Sergio del Molino. Este escritor es realmente interesante. Durante las dos horas que duró esta primera sesión del taller, una sesión suave, apenas nos pusimos en labor para escribir 10 sustantivos; me dejó completamente embelesado. Salí con la sensación de que del taller iba a aprender muchas cosas y no necesariamente sobre literatura.
Eso sí, nos mandó deberes para casa, como no puede ser de otra manera en un taller intensivo, donde uno tiene que ir preparado para batirse el cobre con la escritura dentro del horario presencial y evidentemente fuera. Y ese primer ejercicio consiste en "recuerdo...". Diez recuerdos de nuestra vida, esos los pondré mañana por aquí, de momento traigo estos que son recuerdos más extensos y los he descartado para ese ejercicio.
 
Me acuerdo...

- Mis padres eran profesores, mi madre tutora de 1º de EGB, yo tenía 4 años, y hasta que empecé 1º mi madre me tenía en clase, como alternativa perfecta a una guardería. Me sentaba en un pupitre al lado de su mesa. En las fiestas del colegio se celebraban carreras, una de ellas era para los alumnos  más pequeños y yo participé. Recuerdo un patio enorme al que teníamos que dar una vuelta, Una ingente multitud mirándonos y en la línea de salida todos apiñados, con los niños que me llevaban dos años. Se dio la salida y empecé a correr con todas mis fuerzas, sin medida, de repente estaba sólo, escuchaba a la gente como me animaba, y así llegué a la meta. Llegué el primero, y no me lo podía creer. Me dieron una medalla de "oro", con un trozo de tela diminuto, hecho para el cuello de un niño pequeño. Y hasta hace bien poco seguía colgada de unos de los cuadros de mi habitación.
 
- En 8º de EGB hubo una epidemia de  escayolados. Nos llegábamos a juntar dos o tres a la vez en clase. Como el aula estaba en el tercer piso, para no bajar las escaleras, no bajábamos al patio en los recreos. Esa media hora nos dedicábamos a hacer mil y una trastadas. Poníamos en la parte superior de la puerta, que era muy alta, la papelera para que le cayera encima la primero que pasara. En una ocasión cambiamos la papelera por una bolsa de deporte que encontramos entre los pupitres. Cuando llegó el primero que subía del recreo, como era habitual le cayó en la cabeza, para regocijo de los que lo habíamos maquinado y de los otros compañeros que habían sido más lentos al subir. La reacción de nuestra víctima fue coger la bolsa de deporte y tirarla por la ventana. La bolsa precipitándose desde un tercer piso fue vista por un hermano de La Salle, que la cogió y subió rápidamente al aula desde donde se había arrojado, la nuestra. Preguntó quién había sido, y Paco, que así se llamaba el lanzador, levantó la mano. Lo mando acercarse a la pizarra, se colocó delante de él, y sujetándole una mejilla con la mano, en la otra le descargó un terrible y sonoro sopapo que nos dejó a todos con la piel de gallina. Mis cómplices y yo nos miramos de soslayo, pues sabíamos que éramos los autores, si no materiales, sí intelectuales de aquel tremendo tortazo.

-Que iba a pescar al pantano con un amigo, íbamos en bicicleta, o en moto, o alguna vez (las menos), el padre de otro tercer amigo nos llevaba en su coche. Era un pantano en el que alguna vez se había ahogado alguna persona, y siempre la recomendación de mi madre era la de que no nos metiéramos dentro del agua de ninguna manera. Un día en el que estrenaba una caña de pescar, comprada, con el esfuerzo titánico de ahorrar mi exigua paga paterna. La coloqué en el soporte de hierro que permite apoyarla en el suelo , pero olvidé quitar el freno del carrete, me despisté, picó una carpa enorme y la arrancó del soporte. Veía con estupor como iba a toda velocidad hacia en centro del pantano. Me acordé de la recomendación de mi madre y titubeé un poco, pero conforme se iba alejando, la recomendación de mi madre me llegaba más amortiguada, cuando dejé de oírla, me quité las zapatillas y la camiseta y me tiré en plancha a las frías aguas del pantano. Me llevó un rato alcanzarla, pero al sacarla del agua la recompensa venía al final del hilo, con forma de un magnifico ejemplar de carpa.
 
- Un día de los últimos de agosto, un día desapacible, ventoso, en un pueblo de la sierra de Segovia, daba la sensación de que ese día no pertenecía a ese verano, como que no era su sitio, como que alguien se hubiera cabreado. Mientras recogíamos nuestro campamento destrozado, el aire nos flagelaba sin misericordia. El viaje de vuelta fue duro. Estábamos cansados y desganados, se nos quitaron las ganas de volver allí, la carretera parecía que nos acercaba a un abismo. No se porque, no me lo podía explicar, pero me sentía atenazado, angustiado, como con una opresión en el pecho. A los dos días, me llamaron mis padres, para contarme que ese día, ese mismo día que no encajaba en el verano, con ese aire enloquecedor en sierra Segoviana; en Teruel, un amigo mío se quitaba la vida.


Pensaba que los recuerdos surgirían a borbotones, pero realmente hay periodos de mi vida en los que apenas recuerdo nada. Hay etapas en las que me asomo a un lienzo en blanco. Es en estos momentos cuando me alegro de llevar un diario y poder rescatar esos recuerdo. Quizás, para como decía Sergio ayer reconstruirlos o decosntruirlo, ya partiendo de una dudosa objetividad, que es la mirada y la sensación subjetiva personal cuando me sucedía todo aquello y cuando lo escribía.
El diario a veces ha hecho de tabla de náufrago, pero evidentemente, no es esa su función, más bien es, o se ha convertido en un testigo mudo de mis pensamientos, en ocasiones contradictorios, en ocasiones incendiarios y en ocasiones suaves y conscientes de mi historia personal.

miércoles, 22 de julio de 2015

"Anoche soñé que volvía...

a Manderley...".

De esta manera comienza la película de Alfred Hitchcock, Rebeca.

Como la protagonista de la película a veces soñamos con volver a escenarios que han marcado nuestra vida de una manera u otra. Lugares que nos evocan tiempos pasados, donde fuimos felices o desgraciados, pero que de ninguna manera nos resultan indiferentes. La indiferencia, ese gran bálsamo y a la vez esa ruin estado de ánimo, que adormece hasta los recuerdos más recalcitrantes. 
 


 Este pasado fin de semana volví a un Manderley particular, una playa que desde el primer día que la pisé me emocionó y más tarde me estremeció, pero no me ha resultado nunca indiferente. Hacía unos cuantos años que no pisaba descalzo su arena, más de cuatro. Fue un verdadero placer volver. Volví a disfrutar de sus olas, de sus pintxos, de su ambiente, de su luz y de sus paisajes.
 
 
Allí me acabé el libro de "Los cuerpos extraños" de Lorenzo Silva, dibujé, salté olas, como hace años hice con mis hijos, me bañé a la luz de la luna y paseé por su orilla en plena noche y en pleno día. Volví a disfrutarla, ahora escribiendo estas líneas, vuelvo a echar de menos esa brisa, esa arena, esos colores.
Definitivamente hay lugares que acaban formando parte de nosotros, de nuestra historia, de nuestro acerbo cultural. Esta playa es uno de los míos.
 
 
Aquí la cita completa de la película de Hitchcock:

"Anoche soñé que volvía a Manderley. Estaba ante la verja de hierro. Pero no podía entrar. Entonces, me imbuyó un poder sobrenatural, y atravesé la verja. El sendero serpenteaba y se retorcía y vi que había cambiado, la naturaleza recuperaba otra vez su lugar invadiéndolo con sus tenaces dedos. El sendero se retorcía más y más. Y al final estaba Manderley. Manderley, sigilosa. Sus muros seguían perfectos. La luz de la luna, engañosa me hizo ver luz en las ventanas. Pero una nube tapó la luna como una mano sombría. La ilusión se fue con ella. Era un caparazón abandonado sin susurros del pasado. No podemos volver a Manderley. Pero yo vuelvo en sueños... a los extraños días, que empezaron en el sur de Francia."

viernes, 3 de julio de 2015

Zancadas 2015 (VI)




El 19 de junio y de eso hace hoy tres viernes, vivíamos este momento. Muy especial por todo lo que le rodeaba. Siempre quedará en nuestro recuerdo ese Palacio Real, esos momentos y ese reconocimiento a mis padres. La vida sigue y de eso hace ya, como bien decía, tres viernes.
El pasado domingo, Eternal Running, carrera agotadora y divertida, una auténtica pista de aplicación, el lunes agujetas en los tríceps, pero desde luego y a pesar de las esperas en cada uno de los obstáculos, sobre todo en los reptar, con buen sabor de boca, aunque la organización se debe poner las pilas o morirá de éxito, la situación rayaba lo razonable, hay muchas cosas a mejorar, espero que lo hagan.
Ya apuntado a la de los bomberos, si la eternal la hacía con el equipo Linkas, ésta de nuevo con CTC.
El verano ya está aquí con todo su despliegue, días ideales para pasar debajo de la sobrilla o con una caña bien fría en la mano.
Ayer "vendí" mi primer cuadro. Por decirlo de alguna manera, pues era para un buen amigo y el pago será en especies, pero satisfacción por el hecho de que mi pintura cuelgue de una pared y pueda ser vista por más personas.
 


 
 
A veces las cosas más pequeñas, son las que te hace estar más orgulloso. Una auténtica satisfacción, de verdad.
Y muchas cosas en la cabeza, el verano ha venido así, como de improviso y siempre la sensación de que las cosas pasan muy deprisa.
Presenté también un relato para el concurso de la Fnac de la Hoja en Blanco, a ver como va. Este verano, bañitos, dibujos y escritura, y como no, zancadas, como no puede, ni debe, ser de otra manera.
 


lunes, 13 de abril de 2015

A medio camino.

 
Hoy 13 de abril. El año pasado en estas mismas fechas estaba exactamente en el Check Point Charlie. En Berlín. En cierto modo, en sentido figurado totalmente, en las antípodas de donde me encuentro ahora.
Ayer cumplí años, el año pasado lo celebré con salida con amigos, confusión y fuga. Fuga a un viaje donde lo que buscaba no estaba en el destino.
Cada cumpleaños ha sido diferente al anterior, cada uno distinto, mientras voy jalonando mi camino de años, experiencias y viajes, bien sólo, en pareja o en multitud.
En los últimos años no dejo de tener esa sensación de viajeros en tránsito. A medio camino, lejos del lugar de partida, pero lejos también del final del viaje.
Con esa sensación de trajín entre estaciones, de cambio de líneas de metro, en el eterno keep on moving.
Un nuevo año vital, y cuando se empieza algo, ya he comentado en muchas ocasiones, se empieza con alegría.
También cuando se termina algo, también nacen sentimientos, en función de lo que se termina, en un sentido o en otro.
¿Pero y cuándo se está a mitad de camino?
¿Cuando queda tanto por delante como por detrás, o si me apuras, cuando por detrás ya va quedando más que lo que nos espera por delante?
¿Cuál es el pensamiento que se nos ocurre, cuál el pensamiento recurrente?
¿El de caminante, se hace camino al andar?
¿El de disfruta del camino no de las metas?
¿O mejor no pensar e ir utilizando los retos como la zanahoria que nos estimula a seguir?
¿No sería posible, de vez en cuando, y sólo de vez en cuando, sentarnos a lado del camino y ver la vida pasar?
 
 
 Que nos esperen, tomarnos nuestro tiempo, disfrutar de lo que nos rodea, de los que nos aprecian, de lo que nos gusta. Sin prisas, ni agobios, como si por un momento, la vida se paralizara, sólo para nuestro disfrute, para nuestro recuerdo, para nuestro solaz.
Aquello ya muy viejo, que se pare el mundo que yo me bajo. Incluso aunque el vagón que me haya tocado sea confortable y poco ruidoso, aunque tenga buenas vistas. Parar un ratito, uno sólo aunque sea...

lunes, 8 de septiembre de 2014

La química secreta de los "reencuentros".



 
Nunca me ha gustado colgar el cartel de cerrado por vacaciones. Pero está claro que el periodo de estío, nos aparta de algunas rutinas y aún sin cartel, era evidente que no había nadie detrás de este blog en el mes de agosto.
Mes de agosto divertido, dinámico y con mucha actividad. Benditas vacaciones, estado natural del hombre y momento ideal para compartir con las personas que tienen relevancia en tu vida.
De nuevo la vuelta al cole, el otoño a las puertas,  y éste, como dice Sabina (y últimamente lo cito mucho), durará lo que tarde en llegar el invierno, que será nada. Y despediremos el año y de nuevo la espiral del tiempo nos engullirá por mucho que nos intentemos aferrar a lo anterior.
Hace unos meses, ya muchos, leí el libro de Levy, "La química secreta de los encuentros". Me gustó, me pareció sencillo y  cálido, de esos que te arrancan una sonrisa de complacencia y esperanza.
Parafraseo ese título, porque yo he vivido en estos últimos días, la química de los "reencuentros".
Me he encontrado con tres personas que por uno u otro motivo y por diferentes circunstancias y motivaciones, no veía desde hacía un tiempo. Bastante tiempo, a alguna mucho tiempo y otras el tiempo más que suficiente para echarlas en falta.
Esos encuentros, han creado una sinergia que ha propiciado otros encuentros con personas que no veía en veinte años, con emociones y actitudes nuevas, quizás por ser fruto del rescate de las pasadas.
Y sin duda, en todos estos encuentros ha actuado una química, secreta seguro, que deja el espíritu tranquilo, lleno y sosegado, preparado para seguir bombeando y sintiendo y disfrutando de los que sigamos reencontrando o directamente encontrando.
Han caldeado el alma y afianzado la idea de que en esta vida lo que nos llenan son las experiencias y los buenos momentos que pasemos con las personas que nos aportan algo en la vida. El cariño, el respeto, la ternura, la complicidad, la solidaridad, son todos elementos y reactivos de esa química. La química de la vida, hecha de recuerdos y hechos, de realidad y esperanzas, de abrazos y lágrimas, de reencuentros y sorpresas, de ilusiones y pasiones.

Lo que me ha traído 2025

 Cada comienzo de año, traigo por el blog, las frases y pensamientos que me han acompañado este pasado año y que por un motivo o por otro me...