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domingo, 29 de octubre de 2023

Y yo me iré...

 


Hoy hemos recibido la triste noticia del fallecimiento de Matthew Perry. Muere el hombre y permanece el personaje, ese querido, sarcástico, ocurrente y entrañable Chandler. Y aunque en su vida real, la de Matthew, tubo que lidiar contra gigantes, sus adicciones, y el mismo decía : "No soy Chandler", cuando la gente se acercaba a él llamándolo por el nombre de su personaje; su trascendencia será la de Bing y su participación en la serie Friends, desde 1994 a 2004, y así acompañó a muchas personas que disfrutaron durante ese periplo y muchos otros, que la siguen viendo en las diferentes plataformas que se sigue emitiendo.  

Es curioso, cuando a veces te llega una noticia de alguien a quien no conocías personalmente, pero que en cierta manera forma parte de tu vida y su muerte la llegas a notar como algo próximo. Escribía hoy Sergio del Molino en El País sobre Perry y empezaba: 

Hemos recibido la noticia de la muerte del actor como si fuera la de un amigo. Quizá seamos pretenciosos e insensatos, pero la pena es genuina y hasta legítima. No entendemos ni podremos entender su tragedia. Tan solo podemos especular.

Es un buen momento, cerca de la celebración de Todo los Santos, de traer por aquí, unos versos del maravilloso poeta de Moguer, tan conocido por su Platero, Juan Ramón Jiménez. Unas líneas que nos traen el contraste entre la eternidad de la naturaleza y de las cosas más cotidianas que nos rodean, frente a la finitud del ser humano y su mortalidad. Esa muerte que se ha llevado a un luchador, a un buen tipo, Matthew Perry. Al menos siempre nos quedara el inefable personaje de Chandler y esa maravillosa serie, que está en el Olimpo de los grandes recuerdos.


Y yo me iré, Y se quedarás los pájaros

cantando.

Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostálgico.

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

Juan Ramón Jimenez

miércoles, 4 de septiembre de 2019

El final del verano llegó y tú partirás...



No hay nada más triste y más evocador del final de verano, que el último capítulo de Verano Azul, donde todos se despiden, rodeados de ausencias y recuerdos. Y ya para rematar, en el paroxismo de la depresión, cuando Julia coge el coche que la lleva a la gran ciudad, mientras se oye de fondo la canción "El final del verano" del Dúo Dinámico. Deprimente hasta el dolor.
 
 
Risto Mejide dice, que su generación, aún no ha superado el final de Verano Azul y tiene toda la razón.
Para más "Inri", estos últimos días de agosto, a medio día, han vuelto a reponer la serie más repetida de la historia de la televisión española, y mira por donde, volví a pillar el último capítulo, las despedidas de Javi, Quique y Bea, Desi, de Pancho, de Tito y el Piraña (Manolín),  y la depresiva y taciturna marcha de Julia. Zas en toda la boca, no tenía suficiente con haberme incorporado de mis vacaciones en Oropesa, para que me encuentre con semejante alegato del suicidio colectivo.
Nos vienen a decir que no acababa un verano, no,  acababa la vida como la conocíamos hasta entonces, acababa la infancia, la inocencia, lo bueno. A partir de aquí todo hacia abajo y sin frenos, a peor. Esos nos decían, los muy canallas, querían hacer sangre, dejar huella y vaya que lo lograron los muy sádicos.
Al menos a Mercero tenemos que agradecerle que no hubiera una segunda parte, que lo dejara ahí, en todo lo alto, para desgracia de nuestra nostalgia y gloria de nuestra memoria seriéfila.
Todavía, hoy, cuando cojo la bici silbo aquella sintonía.
 
 
 
 

martes, 23 de septiembre de 2014

Ya es oficial...

 
Pues sí, ya es oficial. Hoy entra el otoño. Le decimos adiós con la manita a un verano descafeinado, con pocos grados, medio "esbafado" en cuanto a lo que se refiere al calor.
Por un lado ha sido de agradecer que apenas hemos tenido que sufrir temperaturas de 40 grados y noches horribles de calor, pero también es cierto que el buen tiempo ha sido muy intermitente y que casi ha sido septiembre el mes que nos ha dado los días más calurosos.
Vuelta al cole, como todos los años, a la rutina, a guardar bañadores y toallas y el primer asalto de los buenos propósitos, el segundo asalto será a primeros de año nuevo.
El pasado otoño fue un punto de inflexión, otro más, en mi devenir y éste espero no me de muchas sorpresas.
Comenzamos curso escolar, aquellos recuerdos con olor a libros recién forrados, a pegamento Imedio, a témperas y pinturas Alpino, donde nunca sabíamos que hacer con la pintura blanca y la de color "carne", era un bien escaso.
Siempre digo por aquí que los comienzo son ilusión, energías renovadas, hasta esperanza, por aquel optimismo innato del ser humano de que lo mejor está por llegar.
Lo mejor de todo eso, que yo me lo creo a pies juntillas.
Llámenme optimista, inconsciente, ingenuo, desinformado, infeliz o como queráis tildarme, pero de verdad que creo que siempre nos espera algo bueno a la vuelta de la esquina. Y como la comparación con el pasado no tiene ningún sentido, ya que el pasado ya no existe, ya no es, siempre lo nuevo es mejor. Aunque sólo sea porque es, porque está ahí, porque es real y es presente.
 
 
Hace veinte años se emitía el primer capítulo de la serie Friends, serie que ha marcado la existencia de miles de treintañeros y también a alguno de treintaytodos. A mi me pilló a por uvas, tampoco existía la facilidad de visionar series que hay ahora, gracias a internet, pero no despertó demasiado interés en mí.
Vi algún capítulo, pero me parecía algo irreal, alejado de mi cotidianeidad. Me eran simpáticos, había uno de los actores que me recordaba mucho a un amigo mío (Ross), pero no pasaba de ahí el interés. Graso error, de haberla seguido con fruición habría aprendido algunas cosas que he tenido que ir aprendiendo sobre la marcha. No he distinguido entre temporadas, aunque he leído sobre la serie y me han contado las anécdotas que conocemos todos, por ejemplo del pulso para subirse todos los actores juntos el sueldo, llegando en la última temporada, a cobrar un millón de dólares por capitulo, cada uno de ellos.
La verdad es que veinte años después me he hecho el firme propósito de ver, si no todos, al menos sí gran parte de los 234 capítulos. Y entender ese universo "Friends" del que todo el mundo habla.
También hay críticos que dicen que la serie ha envejecido muy mal, bueno es cuestión de comprobarlo.
No hace mucho, vi un capítulo en que jugaban a futbol americano, en un patio interior todos los amigos y me embargó un halo de nostalgia y un no se qué, me pareció algo entrañable. Y si yo, que apenas la seguí, entiendo que forma parte de mi bagaje cultural y sensaciones, puedo entender, y más con el devenir del tiempo y mi "open my mind"; que haya mucha gente para la que la serie ha sido su referente de comportamiento y el paradigma desde el que entender lo que les va pasando.
Nunca la ficción superará la realidad, ni la sustituirá, pero hay universos inventado que parece que se adapten como un guante a algunas realidades y viceversa.
Algo desde luego sí es cierto, veinte años después se sigue hablando de "Friends", por algo será.

Mis lecturas de 2026. I

Este año me he prodigado poco en el blog. Ha sido un año especial, y cuando la vida te distrae, no tienes tiempo de andar con zarandajas, bl...