Dice Marta D. Riezu en el suplemento de afinidades de su ibro "Agua y Jabón,. Apuntes sobre elegancia involuntaria". Que la respuesta local al estoicismo del poema "IF" de Rudyard Kiplng (ya o trajimos por este blog) es el "Elogi del viure" de Joan Maragall. Lo traigo por aquí en castellano.
ELOGIO DEL VIVIR
Ama tu oficio, tu vocación, tu estrella, aquello para lo que sirves, aquello en lo que realmente eres uno entre los hombres, esfuérzate en tu quehacer como si de cada detalle que piensas, de cada palabra que dices, de cada pieza que pones, de cada martillazo que das, dependiera la salvación de la humanidad. Porque depende, créeme.
Si olvidándote de ti mismo haces todo lo que puedes en tu trabajo, haces más que un emperador que rige automáticamente sus estados; haces más que quien inventa teorías universales sólo para satisfacer su vanidad, haces más que el político, que el agitador, que el que gobierna.
Puedes desdeñar todo esto y el abono del mundo. El mundo se abonaría bien solo, sólo que cada uno hiciera su deber con amor, en su casa.
Si con alguien he disfrutado leyendo su obra ha sido con Tolkien. Creó un mundo épico, donde nos perdimos en la inmensidad de su lectura. Después disfrutamos cuando lo llevaron al cine y la épica y el viaje del guerrero siguió.
Hoy os traigo por aquí un par de poemas que Tolkien puso en boca de un par de sus héroes, el primero de Faramir y el segundo de Bilbo Bolsón. Este último ha sido citado por la misma Meloni, para felicitar las navidades a las tropas italianas.
Recientemente me he comprado el libro del teniente general Gan Pampols. Se titula: "El arte de mandar bien", en su prólogo el militar y deportista cita este poema, quería traerlo por aquí, así como una ligera biografía de su autor, que le da mas fuerza, si cabe, al poema.
“Invictus” es un poema escrito por el poeta inglés William Ernest HENLEY (1849-1903). A la edad de 12 años, Henley fue víctima de la enfermedad de Pott, una forma grave de tuberculosis ósea. A pesar de esto, logró continuar sus estudios e intentar una carrera periodística en Londres. Su trabajo, sin embargo, fue interrumpido continuamente por la grave patología, que a la temprana edad de 25 años le obligó a tomar la decisión de amputarse una pierna para sobrevivir. Henley no se desanimó y continuó viviendo con una prótesis artificial durante unos 30 años, hasta la edad de 53. Henley era amigo de Robert Louis Stevenson, quien se inspiró en él para el personaje de Long John Silver en La isla del tesoro. El poema «Invictus» fue escrito en la cama de un hospital. El poema fue utilizado por Nelson Mandela para aliviar los años de su encarcelamiento por el apartheid. Por eso también se la menciona en la película de 2009 Invictus – El invencible, dirigida por Clint Eastwood, con Morgan Freeman y Matt Damon. En Italia se ha preferido usar la traducción libre de invictus como invincibile.
Gianni Darconza (Trad. Marisol Bohórquez)
INVICTUS
Apartado de la noche que me envuelve Negra como el aljibe de polo a polo, Doy gracias a los dioses quienesquiera que sean Por mi espíritu indomable.
En las garras del instante No me he estremecido ni llorado a gritos. Bajo los golpes del azar Mi cabeza está cubierta de sangre, pero no se dobla.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas Inminente es sólo el Horror de la sombra, Y todavía la amenaza de los años Me encuentra y me encontrará libre de temor.
No importa lo estrecha que sea la puerta, Cuán llena de castigos la bóveda Yo soy el amo de mi propio destino, Yo soy el capitán de mi alma.
………………………………….(Trad. Marisol Bohórquez Godoy)
INVICTUS
Out of the night that covers me, Black as the pit from pole to pole, I thank whatever gods may be For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance I have not winced nor cried aloud. Under the bludgeonings of chance My head is bloody but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears Looms but the Horror of the shade, And yet the menace of the years Finds and shall find me unafraid.
It matters not how strait the gate, How charged with punishments the scroll, I am the master of my fate, I am the captain of my soul.
Estos días amargos –hablo en serio–, cuando el dolor asfixia y uno quiere morir para no ver los dientes a la vida, cuando ni la ironía es una arma certera ni el vino trae olvidos, yo pagaría oro, vendería mi alma, por volverme otra vez niño de calzón corto saliendo de la escuela camino de los brazos de mi madre.
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevo a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de lo altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
Una de las muchas perlas que me encontré en "El infinito en un junco", es este poema de poeta bosnio Izet Sarajlic:
CARTA AL AÑO 2176
¿Qué? ¿Todavía escucháis a Mendelssohn? ¿Todavía recogéis margaritas? ¿Todavía celebráis los cumpleaños de los niños ? ¿Todavía ponéis nombres de poetas a las calles? Y a mí, en los años setenta de dos siglos atrás, me aseguraban que los tiempo de la poesía habían pasado, al igual que el juego de las prendas, o leer las estrellas o los bailes en casa de los Rostov. ¡Y yo, tonto casi lo creí!
Traigo por aquí, la que va a ser (si tienen a bien publicarlo), mi primera colaboración con la revista "El prau", de la asociación El Castillo de Langa del Castillo. Espero que ésta sea la primera de muchas, desde comentarios de libros, pasando por cosas de castillos, relatos, o todo aquello que se me ocurra, como el tema del que trato en esta primera ocasión, los recuerdos felices de niño.
Este sol de la infancia.
Decía el poeta Rainer Maria Rilke
que la verdadera patria del hombre es la infancia. A ella se regresa en los
momentos que todo se derrumba, donde nos refugiamos cuando el presente nos
supera. A estos recuerdos, debió de volver el también poeta, Antonio Machado,
cuando cansado y triste, por un exilio forzado, dejó su vida en Collioure. Días
después de su muerte, su hermano recogía sus cosas de la pensión, y encontraba
en el bolsillo de su viejo abrigo, los que fueron sus últimos versos “Estos
días azules y ese sol de la infancia”.Sin duda, envuelto en una gris realidad, se aferró, a aquellos recuerdos
de su niñez.
Qué importantes los recuerdos
infantiles. Crean las raíces que hacen no tambalearnos, que nos aferran a las
tradiciones, al entorno, que nos dicen quiénes somos y de dónde venimos.
De niño yo era huérfano de pueblo.
Vivía en una pequeña ciudad, donde los usos y costumbres en aquella época, no
distaban mucho de la vida en un pueblo, en cuanto a que la calle era una
extensión de la casa, que el entorno estaba controlado y era seguro,
cruzándonos con personas que nos conocían y sabrían encontrar a nuestros padres
en caso de algún percance. Lo que realmente diferenciaba el vivir en un pueblo
o en una ciudad, por pequeña que ésta fuera, era el flujo de población a la
llegada de la temporada del verano. Las ciudades, llegado el tiempo estival, se
vaciaban, buscando su población, las playas, los pueblos o diferentes destinos,
lejos de su rutina diaria. Por el contrario, los otros, recibían un aluvión de
visitantes, antiguos vecinos que
marcharon a la capital, o familia de los que aún vivían en el pueblo, forasteros
curiosos, o los que tenían todavía su casa y llegadas estas fechas la dotaban
de nuevo de vida y alegría. Las calles volvían a llenarse de bicicletas, risas
y carreras de los chavales y chavalas que volvían, por estas fechas.
Un pueblo en verano es todo alegría,
peñas, fiestas, conversaciones a la fresca, aire libre, libertad, aventura y un
lugar estupendo para ser niño.
En verano, la ciudad, es una postal
desolada, el aburrimiento hecho asfalto.
De un tiempo a esta parte, mi
orfandad ha desaparecido, pues he sido adoptado por Langa del Castillo. Pero,
sin ninguna duda, el mayor beneficiado de esta adopción es mi hijo Mario, que de
esta manera, pasa varias semanas de sus vacaciones con sus abuelos. Juega en la
calle, hace amigos, a todos saluda y les cuenta sus cuitas, va al regachuzo, al frontón, al parque a jugar
con los columpios, pasea hasta el Paso,
cogiendo palos y espigas, se baña en la piscina y acaba el día agotado, de
manera, que al día siguiente, alarga la hora de despertar, para alegría de los
yayos.
Los veranos pasados y los que quedan por
venir, tejerán en su mente de niño, unos pensamientos felices, a los que podrá
recurrir cuando la vida no le sea demasiado benévola, aunque espero y deseo,
que nunca se encuentre, en similares situaciones, como las del desdichado
Machado. Pero ahí estarán sus raíces, reconocerá a los suyos y sus lugares, al
que de alguna manera pertenece y eso ayudará a imprimir su carácter.
Este es el primer regalo que dicen quehay que conseguir para nuestros hijos, el segundo
son las alas. Para volar lejos, alcanzar los sueños, ser autónomo,Pero éstaya es harina de otro costal.
Me gustas cuando dices tonterías, cuando metes la pata, cuando mientes, cuando te vas de compras con tu madre y llego tarde al cine por tu culpa. Me gustas más cuando es mi cumpleaños y me cubres de besos y de tartas, o cuando eres feliz y se te nota, o cuando eres genial con una frase que lo resume todo, o cuando ríes (tu risa es una ducha en el infierno), o cuando me perdonas un olvido. Pero aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistir lo que me gustas, cuando, llena de vida, te despiertas y lo primero que haces es decirme: «Tengo un hambre feroz esta mañana. Voy a empezar contigo el desayuno».
Este pasado 4 de abril fallecía en Madrid, el poliédrico artista Luis Eduardo Aute. Un grande, un genio, un artista.
Contaba, en una de sus múltiples entrevistas que de niño sacaba malas notas, que no tenía ningún interés por el estudio, pero que sin embargo le apasionaba dibujar y se le daba bien. Desde niño quiso ser pintor. Ya encumbrado y famoso, él se asumió siempre como pintor antes que como músico. poeta o cineasta.
Era un ser humano con una sensibilidad especial. Yo lo descubrí en su faceta de cantaautor, casi al mismo tiempo que a Joaquín Sabina. Cuando ser cantaautor era lo más, con canciones llenas de mensajes y protestas veladas o completamente explícitas.
Junto con algunos amigos escuchábamos sus letras y nosotros que despertábamos a la vida en aquella época, veíamos en esas historias cantadas, todo un universo ajeno, extraño y a la vez sugerente y cautivador.
Dicen los que tuvieron el placer de conocerle personalmente, que fue una gran persona, Que su casa fue siempre un lugar de encuentro, que siempre ayudó a todo el que se lo pidió, que estaba empeñado en hacer de este mundo un sitio mejor.Vivía en un continuo ripio, exudaba poesía.
Cuentan que su hijo le preguntó un día:¿Cómo te encuentras?
Y le contestó:
No sé si voy o vengo,
de algún sitio,
donde nunca estuve.
Él siguió creciendo como artista y yo como hombre y nuestros caminos fueron cruzándose de vez en cuando, en forma de poema, de canción o de discrepancia política.
Para siempre quedarán, en la banda sonora de nuestra existencia, muchas de sus canciones, inolvidables.
En uno de sus últimos trabajos, El niño que miraba al mar, se inspiró en un montaje fotográfico que le regalaron sus hijos, donde aparecían mirando al mar, Luis Eduardo de niño y ya maduro. Ambas en un malecón mirando al mar, pero una en Filipinas y otra en Cuba, con toda una vida de diferencia. Él reflexionaba cómo hubiera sido ese encuentro imponible, entre su yo maduro y su yo niño. Decía que el niño miraría a aquel adulto, como si fuera un monstruo, un basilisco. Y aquello dio como fruto una película de animación y este disco
En la varias entrevistas que al día siguiente de su deceso se publicaron, decían, sus más estrechos colaboradores que siempre que cantaba esta canción, acababa sobrepasado y no podía reprimir las lágrimas. El peso de los recuerdos se desplomaba sobre él, en esos breves minutos que duraba la canción.
Para mi esa alegoría de mirar al mar y encontrarte, contigo mismo de niño, ha sido recurrente y entiendo perfectamente el gran calado de ese pensamiento. Por eso he querido, en este humilde homenaje a este gran artista, traer por aquí esa canción y esa fotografía.
Cuando cantaba esta canción, siempre la introducía con este poema del venezolano Rafael Cadenas.
"Infancia dormida en los rayos del Sol.
Cuánta luz para aquel niño.
Ahora él te busca.
Me desdoblo.
Es absurdo volver los ojos a tus días.
Vivir de tu sueño es cambiar un extraño por el que soy."
Disfrutad de la letra, de la propia canción. Recordad su obra.
Este pasado viernes, tuve, por muchos motivos, la alegría y satisfacción de acudir a la graduación de mi hijo Santiago. Fue una graduación llena de intervenciones de sus compañeros, con canciones, discursos y poesía. Entre los poemas que leyeron estaba este de aquí de Patricia Benito. Así que me dije que tenía que traerlo por mi blog.
Asistir a este tipo de ceremonias, me conmueve. Ser testigo directo de los hitos y de los logros de las personas a las que queremos me llena. Me traslada a mis recuerdos, paseo de nuevo por el camino que ellos van a empezar a recorrer ahora. Me hace evocar otros momentos y sentir un tibio calorcito en el corazón al ver como se van convirtiendo en adultos, personas responsables y como afrontan su vida y su futuro con optimismo, alegría y radiante juventud. Todo lo tienen por hacer. Lo que más podemos desear es que en ese camino sean felices, disfruten y la vida les trate bien.
Vive, joder, vive.
Y si algo no te gusta, cámbialo.
Y si algo te da miedo, supéralo.
Y si algo te enamora, agárralo. Tengo que, nunca es un buen comienzo. No hagas nada que empiece por estas palabras. Quiero/amo/me flipa/voy/puedo, es la mejor manera para construir tus frases, tus días y toda tu vida. [Patricia Benito]