martes, 10 de abril de 2018

Mis primeros dibujos de 2.018

En ese totum revolutum que es este blog, siempre ha habido hueco para mis dibujos y mis pinturas. También lo hay para mis lecturas, mis reflexiones, la música, la literatura, pedaladas, greguerías y otras muchas cosas.
Hoy  toca de nuevo para la rama artística de los dibujos, en tinta y lapicero. Traigo varias composiciones sencillas y rápidas, las primeras de este año.
 
 




 

sábado, 17 de marzo de 2018

Las trampas del tiempo



 
"Las trampas del tiempo
  
Sentada de cuclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió el cuerpo desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los poros, y dijo:
 
—Lo único que te cambiaría es el domicilio.   

 
Y desde entonces vivieron juntos, fueron juntos, y se divertían peleando por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían anudados.

Ahora este hombre, mutilado de ella, quisiera recordarla como era. Como
era cualquiera de las que ella era, cada una con su propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre de nacer con frecuencia.
Pero no. La memoria se niega. La memoria no quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba, ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue."
 
 
 
Eduardo Galeano

viernes, 16 de marzo de 2018

Mis lecturas de los primeros meses de 2018.

Por fin he conseguido recuperar el ritmo lector, prueba de ello son las reseñas que os voy a traer hoy por aquí.

 
"La ridícula idea de no volver a verte", de Rosa Montero.
A raíz de los diarios de Marie Curie, escritos a propósito de la muerte por accidente de su esposo, Rosa Montero nos habla de muchas cosas, de la pérdida, del duelo, de la relación entre hombres y mujeres, de la vida, de la escritura, de la sociedad, del machismo Es un libro si márgenes, sin ataduras, un fluir de ideas, de anécdotas, de reflexiones en voz alta. Un libro vitalista, a pesar de hablar de la muerte, en muy momento especial para la propia autora que también está pasando por la reciente pérdida de su pareja. Un lectura fácil, bonita, humana. Se adjunta los propios diarios de Marie Curie al final, lo que lo hace aún más interesante.

 
"Vencer o aprender", de John Kavanagh.
Lo compré este verano en Peñíscola, justo antes del combate de boxeo de Mac Gregor contra Maywheather, un enfrentamiento muy mediático, quizás llevado por esto me animé a comprarlo. Me costó ponerme con él. El libro narra el descubrimiento de las artes marciales y las MMA por parte de su autor y como condicionaron su vida. Una vida de sacrificio, de riesgo, de duro trabajo, que afortunadamente cristalizó en la subida a los altares del MMA y de algunas figuras del mismo, como el propio Mac Gregor, que acaba convirtiéndose en un héroe nacional para toda Irlanda. Me gustó. Además esa editorial me atrae como moscas a la miel: Reservoir Books.


 
"Diario de invierno", de Paul Auster.
Un Paul Auster de sesenta y cuatro años nos da varias pinceladas de su vida, de sus recuerdos, apoyándose en diferentes líneas de su memoria, las casas donde vivió, sus parejas, sus familiares, sus trabajos. Las relaciones con su madre, con sus padres, la muerte, la vida, el amor, el divorcio, los amigos, la literatura, los viajes, es decir, la vida. Desde la atalaya de una vejez a las puertas, repasa su periplo vital con ojos de narrador avezado y nos hace partícipes de esos instantes de su vida.
 
 
 
 
"Piloto de guerra", de Antoine de Saint-Exupery.
Ya hablé de manera más extensa en una entrada anterior. Me sorprendió su calado, su humanidad y me ayudó a conocer más al autor de uno de mis libros fetiche: "El principito".


"Sobrevivir a los cuarenta", de Frank Blanco.
Un libro para echar unas risas, muchas. Es ingenioso, divertido, dinámico. Lleno de guiños a la actualidad y a los mitos e ídolos de los que ahora peinamos canas, de la cosecha de la década de los setenta. Me lo leí en dos patadas y en algunos momentos me reía a carcajadas. Desenfadada, ligero y muy recomendable.
  

jueves, 15 de marzo de 2018

Pedaladas II 2018.



 
Hace un par de fines de semana visité Córdoba. No dejó de llover en los tres días que estuve por allí. Caía agua como si no hubiera un mañana. Los lugareños afirmaban que era algo nunca visto, tan seguido, tanta lluvia, tanto rato. Alguno nos pidió el teléfono para que en caso de una nueva sequía, en lugar de sacar al santo de turno en procesión, nos regalarían una estancia de varios días allí, para que el cielo regara la sedienta tierra hasta hartarla.
De vuelta a Zaragoza, de nuevo lluvia, el mes de marzo esta siendo lluvioso sin mesura, le va a quitar la rima a su vecino, el mes de abril. Y siguen anunciando agua, nubes y borrascas, al menos hasta el próximo lunes.
Tanta agua, que hasta tuve una reunión el martes y puse el símil de nubarrones de tormenta, de nubes negras y de aguaceros que arrastran todo a su paso. Estoy condicionado del todo.
Los charcos forman parte del paisaje urbano, la gente ha sacado sus botas de goma, los paraguas dibujan un nuevo skyline en las calles de la ciudad. El Ebro baja henchido, pletórico de caudal.
El agua cae y moja a todos por igual, buenos y malos, ricos y pobres, hombres y mujeres. Unos caminan apresurados por las calles anegadas, otros esperan en los soportales, hay quien busca un taxi y otros privilegiados se repantingan en el sofá con una mantita de felpa mientras escuchan el repiqueteo en los cristales.
Y de esta manera, este mundo empapado, despedía estos días a un niño, asesinado por un adulto que debería de haberlo cuidado y protegido, que formaba parte de su círculo de confianza. Para esos padres desconsolados, la lluvia  se instalara para siempre en su interior, y sólo deseo, que con el tiempo, ésta, amaine.
 

lunes, 12 de marzo de 2018

El beso



El beso
  
Antonio Pujía eligió, al azar, uno de los bloques de mármol de Carrara que

había ido comprando a lo largo de los años.

Era una lápida. De alguna tumba vendría, vay a a saber de dónde; él no tenía

la menor idea de cómo había ido a parar a su taller.

Antonio acostó la lápida sobre una base de apoy o, y se puso a trabajarla.

Alguna idea tenía de lo que quería esculpir, o quizá no tenía ninguna. Empezó por

borrar la inscripción: el nombre de un hombre, el año del nacimiento, el año del

fin.

Después, el cincel penetró el mármol. Y Antonio encontró una sorpresa, que

lo estaba esperando piedra adentro: la veta tenía la forma de dos caras que se

juntaban, algo así como dos perfiles unidos frente a frente, la nariz pegada a la

nariz, la boca pegada a la boca.

El escultor obedeció a la piedra. Y fue excavando, suavemente, hasta que

cobró relieve aquel encuentro que la piedra contenía.

Al día siguiente, dio por concluido su trabajo. Y entonces, cuando levantó la

escultura, vio lo que antes no había visto. Al dorso, había otra inscripción: el

nombre de una mujer, el año del nacimiento, el año del fin.
 

Eduardo Galeano

sábado, 3 de marzo de 2018

La buena salud.



La buena salud
  
En alguna parada, un enjambre de muchachos invadió el ómnibus.

Venían cargados de libros y cuadernos y chirimbolos varios; y no paraban de

hablar ni de reír. Hablaban todos a la vez a los gritos, empujándose,

zarandeándose, y se reían de todo y de nada.

Un señor increpó a Andrés Bralich, que era uno de los más estrepitosos:

—¿Qué te pasa, nene? ¿Tenés la enfermedad de la risa?

A simple vista se podía comprobar que todos los pasajeros de aquel ómnibus

habían sido, ya, sometidos a tratamiento, y estaban completamente curados.
 


Eduardo Galeano

viernes, 2 de marzo de 2018

Otro mes más.

 
 
Y de nuevo, la facturación del primer día del mes. La evaluación de los objetivos. La nómina recién ingresada, los diferentes recibos cargados en cuenta, las tarjetas, la factura del móvil. Un suma, resta y sigue, hasta el próximo devengo, el próximo ingreso, el próximo día de facturación, el próximo mes.
En pos del Budget anual. Detrás de la cuenta de resultados y del desempeño adecuado. Anhelando recibir el salario con el que nos recompensan, que compra nuestros días, empeña nuestros sueños y condiciona nuestras ilusiones. Y a la vez, irónica, sarcástica y contundentemente: bendito salario, bendita cadena, que tantos otros querrían tener anclada a sus tobillos para sentirse sujetos, asidos al terreno, a la rutina de un trabajador por cuenta ajena.
Así pasan los días, pasa la vida y pasamos nosotros, dejando más o menos huella por el camino.
Algunas vacaciones, observamos, con envidia, a los hippies que viven de vender pulseras en los mercados improvisados a la orilla del mar. O nos descubrimos embebidos en la contemplación de paseantes, testigos de otras vidas. Imaginamos otras posibles realidades, aventureros, descubridores, vividores. Fantaseamos con hoyar otros caminos, marcar otros pasos, despegarnos de nuestra realidad.
Y entre dientes tarareamos aquella canción de Sabina que dice:
"
No soy un fulano con la lagrima fácil
de esos que se quejan solo por vicio.
Si la vida se deja, yo le meto mano.
Y si no aun me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar,
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación ,
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,
a colarme en el traje y la piel
de todos los hombres
que nunca seré..."...
...