lunes, 19 de febrero de 2018

PEDALADAS I 2018

 
Últimamente me cuesta arrancar, los años, los cursos, los cambios, las cosas nuevas. Ya estamos casi a finales de febrero y no me he prodigado nada por aquí. Ni una sola entrada, ni un solo "input"
Recién llegado de hacer de cocinero en el siglo XIII, aunque sólo pude estar el domingo. El tiempo acompañó y las Bodas como hace mucho tiempo, como siempre, fueron estupendamente. Eso es otra muestra de que este nuevo año me lleva por donde quiere él. Ya no digamos cosas de trabajo, de deporte, correr, y similares, a parte de la mayor novedad de todas, y es que volveré a ser padre de nuevo, Dios mediante, a finales de mayo o primeros de junio.
Sí he conseguido retomar el pádel y poder jugar al menos un partido a la semana en lo que llevamos de 2.018.
Como no podía ser de otra manera me planteé un listado de nuevos retos de cara al nuevo año. Listado de buenos propósitos que como ya es costumbre incluye cuidarse, deporte y darle caña al francés. Este año me parece que lo de viajar va a pasar a un segundo plano, hay cuestiones en el horizonte más importantes que me fijarán al suelo patrio.
Las lecturas las llevo como la entrada de año, de manera caótica y desordenada. He acabado uno titulado "Vencer o aprender", sobre MMA y artes marciales y luego llevo al retortero otros tres diferentes, todos en proceso de finalización. Pero de manera convulsa y a salto de mata. Nada de lecturas relajadas de tardes de invierno.
Aparcado lo de dibujar, incluso lo de escribir. Lo de montar en dos ruedas, ni te cuento.
En breve la primavera asomará la patita por debajo de la puerta, Semana Santa y antes de que nos demos cuenta, la espera habrá pasado y seremos uno más, y el año se deslizará dulcemente por los días de rutina, bañeras, biberones y pañales. Dejando de nuevo nuestra mentalidad hedonista, para dar todo lo que tenemos a un ser que depende de nosotros para todo.  Pasarán nuestros deseos y apetencias a un segundo, tercer o incluso cuarto plano.
Complicarse la vida, dicen.
Pero si hago el ejercicio de mirar hacia atrás y ver lo que he ido consiguiendo en esta vida, de lo que estoy más orgulloso, lo que más satisfacciones me ha dado y lo que volvería hacer una y mil veces,  son mis dos hijos. Hijos que adquirirán en breve el estatus de hermanos mayores.
Y de nuevo la vida, pasará a sorprendernos, con su fragilidad y su
dureza.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Pedaladas V del 2.017. La última del año.


  
Las últimas pedaladas del año. Recién llegado de tomar un vermut por el centro de Teruel. Una ciudad llena de vida, de buen ambiente y de sitios para celebrar los éxitos conseguidos en el pasado y los que han de llegar.
Esta tarde-noche la carrera de San Silvestre, un clásico de hace un montón de años del cierre del año. 
2.018 va a ser un año de muchos cambios, me consta. Cambios además "macro", de mucha relevancia, nada que ver con el aprender francés, adelgazar o algo parecido. Algo que tiene intrínseco el cambiarte la vida, así, de manera radical, contundente.
Se va el 2017, un buen año, con grandes cosas, muy bueno en cuanto a recreación, por primera vez a Almansa, a raíz de aquello, a Moscú y luego a Groello, un viaje ,mano a mano  con mi hermano, espectacular, increíble, esperemos que no irrepetible, aunque ya se sabe aquello de que nunca pasa el mismo agua por el río, si se repite, no será igual. La publicación de un libro, un nuevo Peracense, viajes, amigos y otras muchas cosas que dan sentido a mis días.
Última entrada del año y otro año mas.
Como dices Jesus Terrés: 
"Comerse la vida a bocados. Vivir consciente. Aprender. Dar. Cuidarte. Y poco más."

Así que eso: que empeceis de maravilla el nuevo año, que lo que nos depare, nos haga mejores personas, más felices y con ganas de vivir otros muchos más. Mucho amor, mucha felicidad, disfrutar de los buenos momentos, de la buena gente, dejaros querer y querer mucho, poneros nuevos retos y hacer por alcanzarlos, y si no los lográis, solo ya el camino habrá merecido la pena.
Feliz año!!!


sábado, 30 de diciembre de 2017

Mis últimas lecturas del 2017.

I

"El café de la juventud perdida" de Patrick Modiano. Un libro que nos traslada al París bohemio, en un café que sirve de punto de encuentro a artistas, estudiantes y gente de todo pelaje. Un ambiente algo sórdido y de derrota, de sueños y aspiraciones, de dramas y desencuentros. Lectura curiosa.


"Eva", de Arturo Perez Reverte.  Una nueva aventura de Falco. Un espia al servicio del bando nacional durante la guerra civil española. Interesante lectura, dinámica, entretenida y al más puro estilo de espías y buscavidas. Muy recomendable. Una historia sobre barcos honrados e intereses no tan honrados.



"Tantos lobos", de Lorenzo Silva, cuatro casos de Bevilaqua y Chamorro. De nuevo encontramos a esta famosa pareja de la guardia civil resolviendo cuatro asesinatos, cortitos, de rápida lectura, aunque a mi me ha parecido un poco el típico libro de retales y para hacer caja. Siempre es un placer leer sobre las andanzas de esta pareja, pero estos casos me han parecido muy simples y como comentaba material de relleno.

jueves, 7 de diciembre de 2017

La poesía de Quevedo




CONOCE LAS FUERZAS DEL TIEMPO, Y EL
SER EJECUTIVO COBRADOR DE LA MUERTE

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!

Feroz de tierra el débil muro escalas,
en quien lozana juventud se fía;
mas ya mi corazón del postrer día
atiende el vuelo, sin mirar las alas.

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana,
sin la pensión de procurar mi muerte!

Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

Y también traeré por aquí, su más conocido soneto de amor.

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa;

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Pedaladas IV 2017.


 
Ay bendito, que se nos va de nuevo el año. Un año intenso, sorpresivo, la antesala de los grandes cambios. Ya lo anunciaba al comienzo de curso, mi hijo Javier. Decía que algo va a cambiar. Profético, cierto, revelador.
La vida te sorprende a cada paso. Hay que darle la oportunidad además de que lo haga. No es la gestión del caos, es sencillamente, vivir, sin más. Nada más fácil y a la vez más complicado. Dejar que la vida te vaya llevando, adaptarte a los cambios, a las novedades, a lo que queda fuera del guión.
Dicen que la vida no se mide por el tiempo que respiras, si no por los momentos que te quedas sin aliento. Y este año lo ha hecho varias veces, seguro que el siguiente también lo conseguirá.
Leía recientemente un artículo de un amigo del que hacía tiempo que no sabía nada. Lleva una carrera de éxito y titulaba su escrito "Mutatis mutandi", en relación al cambio y la adaptación al mismo. Leyendo el artículo he saboreado el ocre de la nostalgia, de lo que pudo haber sido si... Ha sido un momento, una ligera flojera, un pellizco en el recuerdo.
Las dos últimas semanas han sido de esfuerzo físico, de mudanza sólida, antes. Después, vendrá la intangible, la que cambie nuestros anclajes mentales, nuestra mudanza mental.
Volveré a vivir sensaciones y momentos que pensé que nunca repetiría, y lo haré con la ilusión del primer día, con la fuerza y la despreocupada soberbia, de la juventud más recalcitrante.

martes, 21 de noviembre de 2017

A Margarita Debayle. De Rubén Darío.



Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

* * *

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Rubén Darío

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El romancero


 
El romancero

Todos los años, con la llegada del buen tiempo, el pueblo celebraba sus fiestas de primavera, en honor a un santo que nunca paseó por aquellas calles, ni bebió de sus mismas fuentes, pero por no se que extraña razón, su destino aparecía enredado en aquella villa y sus festejos anuales, romería incluida. Santa tradición de una aldea montañesa que se sacudía el olvido y  el abandono engalanando sus calles y vistiéndose de fiesta.
Con el deshielo y con motivo de esas fechas señaladas, los caminos volvían a acoger a caminantes, buhoneros, mercaderes y hasta feriantes. Pero si había alguna cosa que esperaban, tanto chicos como grandes, era a aquel hombre, que cada año y ya nadie recordaba desde cuando; llegaba a sus calles para contarles historias de reyes y princesas, de caballeros y aventuras, dragones y brujas, de tierras lejanas en las que el sol no se ponía jamás y de mares inhóspitos y llenos de peligros que se tragaban barcos y marineros sin contemplación.
Le llamaban de muchas maneras, pues ninguno conocía su nombre verdadero: cuentacuentos, el señor de las historias, fabulista, romancero... Dormía en las eras y comía de lo que desde las casas le daban, que no era poco, de tal modo que llenaba su zurrón tanto, que parecía que iba a estallar por las costuras. No sabían de dónde era, de la zona seguro que no, hablaba sin acento del lugar, ni tenía dejes que revelaran su cuna. Su rostro cetrino, ajado por el sol y el polvo de los caminos, la edad, avanzada, un poco encorvado, pudiera decirse que incluso ya anciano. Sin embargo su figura era querida y apreciada y su llegada era motivo de alegría para todo los lugareños. Acabadas las fiestas, a los pocos días, sin que nadie se diera cuenta, igual que había llegado, desaparecía. Todos suponían que a recorrer nuevos caminos, contar nuevas historias y conocer otras, a cargar su zurrón de nuevas vivencias, mientras en el pueblo volverían a su día a día y a ganarse la vida, a costa de dejarse la suya propia, en las duras jornadas de sol a sol que les imponía la montaña.
Las noches que estaba en el pueblo, buscaba un lugar cercano a la hoguera de la plaza y con voz pausada pero grave, iba desgranando vidas y hechos, trayendo a aquel pueblo del Pirineo imágenes y sonidos de lugares lejanos y remotos. Unos días deleitaba a mayores y hablaba de cosas rotundas y complejas y otras veces a los pequeños, con peripecias divertidas y cercanas, o hacía soñar a las casaderas con amores esforzados e imposibles. Los habitantes escuchaban las narraciones sin pestañear, mientras de fondo crepitaba el fuego y las brasas bailaban ante sus ojos. Viajaban sin mover los pies, soñaban sin dormir, vivían vidas que nunca habrían imaginado, sufrían, lloraban o reían según tocara y cuando el viejo acababa, notaban latir su corazón con el poso de lo escuchado y se acostaban sabiéndose un poco más sabios, un poco más vivos.
 
©Jesús J. Jambrina