martes, 22 de diciembre de 2015

Navidad, elecciones, Bunbury, Sparrow y otras hierbas.


Ya hace semanas que es Navidad en el Corte Inglés. En  mi casa todavía no, este año se me antoja muy precipitada, muy rápida, hasta algo inesperada. ¡Pero si hace dos días que estaba en la playa!
Si apenas ha hecho frío, ¿será eso del cambio climático?
Hoy me he tomado unos vermuts en un clásico de Zaragoza y allí estaba Enrique Bunbury, en sus palabras, recién aterrizado de Madrid. Le he visto mayor, quizás no me doy cuenta que los años pasan para todo el mundo, incluso para los héroes de leyenda y mucho más para los del silencio.
El pasado miércoles, me revelaron que Sparrow significaba "gorrión". ¡Qué capitán pirata puede apellidarse "gorrión"!!. Acaban de quitarle todo el glamour a Jack Sparrow.
Por cierto entrada triunfal la de hace unas semanas, la de una pareja de novios al ritmo de esta canción, esto sí es cañero.
 
 
Esta mañana almuerzo con un amigo y recuerdo de AHA y del "Take me on".
 
 
Está clarísimo que los ochenta están de vuelta.
Hace unos días volvía a ver Top Gun y volvió a entrarme un escalofrío por la espalda, cuando aún soñaba en imitar las proezas y aventuras de Maverick.
Las elecciones dibujan una España que no acaba de salir del viejo sistema, pactos por doquier, ¿Serán para bien o para mal? Una clase política que está a años luz de dar el nivel mínimo exigible. Ignorantes en su mayoría, con un poder que les otorga una prepotencia infumable y que se olvidan que está allí para servir al pueblo, no para servirse de éste. ¿Serán capaces de entender el mensaje?
Y con todo esto, y alguna cosa más, me aproximo, paso a paso a los últimos días de este último mes del año. La arena resbala por el reloj de arena, como explica David Trueba en su novela "Blitz", quizás esa sea la manera gráfica de ese paso del tiempo, tiempo que pasa como un relámpago por nuestra existencia.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Un hogar.



Mi hogar no son cosas, ni casas.
Son recuerdos y abrazos,
risas y confidencias,
deseos y besos.
Y viajar contigo,
al lugar más lejano del mundo.
 
©Jesús J. Jambrina

miércoles, 18 de noviembre de 2015

París, ecos de llanto.

 
Por desgracia París ha acaparado las portadas de los diarios y de todos los noticieros, por unos hechos luctuosos y lamentables. El terrorismo vuelve a golpear en las zonas más sensibles de la sociedad. Violencia indiscriminada, injustificada siempre y protagonizada por radicales integristas.
No conseguirán amedrentarnos, no harán que cambiemos nuestra forma de vida, no nos limitarán nuestra libertad, ni los valores occidentales que hacen de nuestra sociedad, un lugar imperfecto, pero habitable.
 Es una pena que Paris, la ciudad del amor, de los poetas, los bohemios, los artistas, la ciudad de la luz se haya visto cubierta por la sombra de la sinrazón.
El terrorismo, venga de donde venga, es siempre cobarde, despiadado e injustificable.
Un recuerdo sentido y profundo, para las victimas directas, para los que se sientan victimas también indirectas, para los familiares, para los afectados de una u otra manera.
Que la humanidad sea capaz de volver a la senda de la paz y el amor. Los valores cristianos y occidentales nos salvan del abismo al que algunos nos quieren avocar.
Otra cuestión es hacer una fría reflexión de sesudo estadista geopolítico y aseverar si el EI, es realmente esa amenaza tan terrible que nos hacen ver, y que puede acabar con el mundo civilizado, tal y como lo conocemos, o si no es para tanto, y  detrás de esta terrible marioneta, hay otros actores que manejan los hilos, tejidos éstos entre intereses económicos, militares y estratégicos.
Libertad, igualdad y fraternidad, valores de los que hace gala Francia, y no deben de sernos ajenos de ninguna manera.
Animo Francia, ale, ale París, no nos robarán ni el tibio otoño, ni la dulce primavera, pasearemos por donde queramos, viajaremos, disfrutaremos, brindaremos por el amor, por nuestros seres queridos, por la risa, la felicidad, la libertad y la paz.



Las hojas  cubren,
en un París otoñal,
ecos de llanto.

viernes, 16 de octubre de 2015

Octubre.


No se ni por donde empezar. Muchos días sin escribir. Las fiestas del Pilar ya agonizantes.
Los días son más cortos, la rutina sigue sin llegar. El frío se instala en nuestras vidas, ya no nos dejará hasta dentro de unos meses.
Cábalas y cábalas, cosas que si y cosas que no, unas cosas muy claras y otras cogidas con pinzas.
Trabajo, ocio, proyectos y recuerdos, dificultades y momentos dulces, futuro y pasado, tejidos a nuestro alrededor como hilos de la misma rueca.
A veces estamos exactamente donde queríamos y otras veces a cientos de kilómetros de aquí.
Willy Toledo, faltón y retrógrado, con un discurso vano, estúpido y simplista.
Vuelta después de muchos años a un concierto de hombres G, la mayor concentración de cuarentañeros en Zaragoza, canciones de una juventud apenas estrenada.
 
 
En un momento balance de toda una vida, con una visión periférica y panorámica. Carretera, kilómetros, bienvenidas y despedidas, el ciclo de la vida.
Todo esto nos ha traído octubre, y en nada el muy canalla, nos traerá el invierno, el final del año y de nuevo al punto de salida, con más años, a veces más sabio y a veces más tonto, con menos tiempo en los bolsillos y con otro nuevo año por delante, dispuesto de nuevo a forjarnos una realidad que a veces se empeña en darnos la vuelta y otras veces nos deja hacer, como un niño bueno al que peina delicadamente su madre.
 

lunes, 7 de septiembre de 2015

...que nadie se engañe...



RESUMEN DE LOS HECHOS
He hablado con la muerte por teléfono

y he recibido e-mails de amor que se borraron
sin dejar una lágrima de papel amarillo.
Nadie olvide los tiempos, pero nadie se engañe:
al final sólo importan el amor y la muerte.

Luis García Montero.

miércoles, 26 de agosto de 2015

No se viajar sin tí.



“Deshice la maleta. Fue saliendo
doblada una ciudad con voz de lluvia.
De las perchas colgaron
los cielos rotos y la luz sumisa.
Ordené las preguntas
en la parte derecha del cajón
y a la izquierda dispuse un restaurante,
una mesa sin hambre y sin rumor de sábanas
para cenar cansado de estar solo.

Luego bajé a la calle.
En la esquina arrugada de una chaqueta negra
me detuve a mirar
la luna de las ropas interiores.
Dolía el pasaporte en el bolsillo
igual que los extraños y las tiendas cerradas.
Quise llamar un taxi. No levanté la mano.
Se paró junto a mí la desventura
de una ciudad vacía.

A media noche estaba a medio ser
en medio de la nada.

No sé viajar sin ti,
ni contarte las cosas por teléfono”.

Luis García Montero
Del poemario: "Vista cansada"

Mis lecturas de 2026. I

Este año me he prodigado poco en el blog. Ha sido un año especial, y cuando la vida te distrae, no tienes tiempo de andar con zarandajas, bl...