viernes, 9 de enero de 2015

Comienza con mal pie 2.015.


 
Me cuesta comenzar a escribir en este nuevo año, y más si es para hablar de lo sucedido en pleno centro de París.
Han asesinado a 12 personas, en un diario satírico, a manos de terroristas extremistas islámicos.
Mala manera de empezar el año.
He pensado muchas veces que los meses de diciembre suceden hechos que nos recuerdan la fragilidad de la carne, de la existencia humana y que la vida no es un anuncio de Desigual y que no todo son sonrisas y parabienes. Sí la vida en chachi y guay, pero no siempre y desde luego no en todas partes.
Hechos duros, terribles, que nos recuerdan que en otras partes del mundo mueren casi todos los días personas de una u otra condición. Otras veces el terror golpea más cerca y es en la casa de al lado o en el patio de la nuestra.
Asistimos como espectadores, conmocionados, por lo cruda que puede llegar a ser a veces la realidad.
Creía que este año nos libraríamos de este tipo de hechos luctuosos, al haber pasado diciembre casi sin novedad, o al menos no en primera plana y con una tragedia excesivamente mediática.
Pero enero no ha perdonado. El otro día llegó de nuevo, descarnada, sigilosa, la muerte. Esta vez con el rostro de unos fanáticos religiosos, que en su barbarie y sin razón, dejaron sin voz y sin vida a unos periodistas, por lo que entendían era una ofensa al profeta.
Habría que hablar mucho del terrorismo integrista.
Esta acomodada y buenista sociedad aplaza el debate de la integrismo islámico, lo que trae la conocida como primavera árabe, y otras muchas otras cuestiones, a las que o no se mira o se hace de soslayo, como si no fuera con nosotros la cosa.
Siempre he dicho que víctimas del terrorismo, como todo lo que tiene de irracional y ciego, somos todos. Nadie puede decir que está ha salvo, o peor aún: ningún ataque terrorista tiene justificación ninguna.
Hay otros foros, hay otras maneras, el terror no es un argumento, la violencia no es una forma de diálogo.
Antes esas acciones sólo queda actitud firme y resuelta, y acciones que minimicen esa amenaza. 
Es el debate de siempre, pero creo que a nadie le es incoherente el pensamiento de que sin seguridad, no puede haber libertad, que sin libertad no podemos hablar de democracia, ni de derechos del individuo, ni de una sociedad del bienestar.
Ya hay muchos escenarios de violencia en el mundo, de zonas oscuras y letales, que parece que con la distancia no existen. Pero es sólo un espejismo, la amenaza está ahí. Aún es más, con el asesinato de estos periodistas franceses y otras acciones terroristas en el mundo occidental, como el 11 M. y similares,   nos tiene a todos como víctimas, esa amenaza toma forma y nos enseña la faz del enemigo.
Sí, enemigo, esa palabra que parecía que debíamos desechar de nuestro lenguaje, que ya no tenía sentido, que todo era muy happy happy, y que qué sentido tenían los ejércitos y las fuerzas de seguridad si todos éramos hermanos, y luego aquello de Zapatero del hermanamiento de las culturas y todo ese debate hueco y que se ha demostrado vano.
Hoy se persigue a gente por su religión, y se les decapita como escarmiento. Se les hecha de sus casas, y no es muy lejos, es Siria, o Mali, o el Sudán, o Etiopía. Y cada vez más, esa mancha de aceite se extiende, silenciosamente, pero inexorable, hacia nuestra cómodas existencias, a nuestros fines de semana de cine y palomitas, y nuestras vacaciones con amigos y familia.
Ya se está combatiendo contra esa amenaza, en Afganistán, Pakistán, Mali e Iráq, pero hay elementos que se cuelan en nuestras escuelas, en nuestros barrios y que son células dormidas a la espera de la llamada de su Imán.
Elementos reclutados entre los descontentos e inadaptados de los inmigrantes musulmanes que no acaban de integrarse en la sociedad occidental y la ven como fuentes de todos sus males. Exacerbado este sentimiento con proclamas religiosas y de guerra santa.
Toda esta amenaza da miedo. Da miedo su sin razón, su crueldad, su convencimiento, su intransigencia, su falta de piedad y de compasión. Un mensaje donde la guerra ocupa el sitio que debería de ocupar el amor o el diálogo.
Con posturas tibias, descafeinadas y laxas el camino está allanado para estos enemigos de nuestra sociedad occidental. Sociedad que con sus luces y con sus sombras, es la nuestra. Que debemos mejorarla, evidentemente, pero desde luego lo que no podemos consentir es que la barbarie, el fanatismo y la ignorancia campen a sus anchas y siembren  de dudas y terror nuestro día a día.
Yo no comparto muchas de las portadas de ese semanario. Ha hecho burlas sangrantes y de mal gusto, pero quiero vivir en una sociedad en que eso no le cueste la vida a nadie. Lo paradójico es que muchos de los estamentos ridiculizados o denostados en ese tipo de publicaciones, son  los que sostienen un sistema y una sociedad que les da ese marco de seguridad, y que miembros de esos poderes facticos, pueden acabar entregando su vida y lo mejor de su persona y su desempeño, para que el cómico, el caricaturista o guionista de turno puedan poner a parir a quien quieran sin que les cueste la vida.
Lo dicho, paradojas de una sociedad democrática, que quiere vivir en libertad y con seguridad, pues como hemos dicho van de la mano, ineludiblemente.
En ese asesinato, han matado a doce personas, han intentado matar la libertad y han intentado aterrorizarnos, advertirnos, avisarnos.
La reacción ha sido ejemplar, pero no puede quedarse sólo en un gesto, la sociedad ha de tomar conciencia de que la amenaza es real, que no es broma y que la libertad no entiende de coacciones, y es una pena que se deba abrir el eterno debate de si por seguridad se pueden restringir libertades. Debate que sólo favorece al enemigo, que en las fisuras es por donde encuentra su medio de penetración y afianzamiento.
Es curioso ver a veces quienes son compañeros de discurso. De Willy Toledo mejor ni hablamos, hace tiempo que este hombre perdió el norte.
No sigo, porque el tema es complicado, tiene muchos matices y esto tampoco es un blog de geopolítica, sino un simple reflejo de mis pensamientos y de la actualidad.
Mis condolencias a las familias y amigos de las víctimas. Mi más sincera repulsa a cualquier manifestación de terrorismo. Y desear y esperar, que 2.015 haya tenido suficiente sangre ya y el resto de lo que nos queda de año, podamos hacer realidad el mensaje navideño de paz y amor a los hombres de buena voluntad.
 
 

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