jueves, 7 de marzo de 2013

La reflexión de todas las reflexiones.




La vida es demasiado corta, por desgracia, para leer todo lo que queremos leer, ver todas las películas y series que queremos ver, para practicar y llegar a dominar todos los deportes que nos gustaría, para viajar a todos los sitios que queremos, para escuchar toda la música que nos transmite algo, para vivir todas las aventuras que nos apasionan, para conocer y vivir con todas las culturas que nos rodean.
En definitiva: hay tantas cosas que hacer, tanto por descubrir, por sentir, por querer, por disfrutar, que una sóla vida se nos queda muy corta.
Pero eso, al contrario de lo que pasa a veces, que nos paralizamos, debería de servir de acicate, para que lo que hagamos, lo hagamos con toda nuestra pasión, nuestros sentidos y nuestro espíritu, para que disfrutemos desde el principio hasta el final. El viaje, el camino y el destino, los compañeros que encontremos en el viaje y los encontremos en dirección contraria.
Sin embargo hay días que lo olvidamos, que nos sumimos en la melancolía, en el lado oscuro de la vida. Tenemos que ser capaces de sacudirnos esa negatividad, de iluminar nuestros días, o al menos no perder ese rayito de sol que nosotros conocemos.
Por cierto, no hay nada más terrible en la vida que un niño triste, pero yo estoy convencido que éstos, no existen, incluso debería de haber una ley ortográfica que prohibiera adjetivar según que sustantivos con según que adjetivos, el ejemplo, éste sin duda: niño triste. Incompatible,  a todas luces.

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