miércoles, 4 de junio de 2014

Tu madre no lo dice, pero me mira mal...


"Tu madre no lo dice pero me mira mal...".

Así empieza una de la canciones más conocidas, "el ritmo del garaje", de Loquillo.
El cinco de julio iré a ver a Loquillo a Teruel. Seguro que será un concierto mágico.
Escuchar a Loquillo me hace volver a tener 18 años y acudir a los bailes de los barrios de Teruel, o al Camping, el Devlin, el Flip, donde celebramos nuestro 18 cumpleaños y otros bares de la Zona, cuando aún se estilaban los rockabillys. En Teruel había un montón, Travoltas y rebeldes sin causa, carne de instituto americano, con chupas de cuero y tupés, a miles de kilómetros del Estados Unidos sureño, en una ciudad que se promocionó a sí misma, muchos años más tarde, con aquello del Teruel existe.
 
 
 
No iba a ningún lado sin mi Rieju, una moto de motocross de 49 cc., con la que me comía el mundo, sin saber que apenas había salido del cascarón y que el mundo me tenía preparadas otras muchas aventuras, algunas de ellas que no pilotaría yo.
Loquillo, que viste de negro, que mira al mundo por encima del hombro. El loco, al que tuvimos suerte de llegarle a conocer, con el que veíamos desde el rompeolas los días pasar, con el que cantamos la mataré a voz en grito, cuando todavía ninguna mujer nos había hecho daño.
Ese jugador de baloncesto metido a rockero, o quizás al contrario, ese rockero que jugaba a baloncesto, que le canto a Madrid y Barcelona y que ha cantado los himnos de toda una generación.
Ese tipo alto y chulo que ha sabido cambiar de probar rubias en el asiento trasero de su Cadillac, a pasar a ser feo, fuerte y formal, como el Duque, el inefable John Wayne.
Mis ídolos han sido más bien de barro, apenas deportistas, ningún político, quizás algún actor y algún rockero, Loquillo tampoco ocupa ese Olimpo reservado a los ídolos, pero si su estilo, su desparpajo, su mirar a los ojos del destino y escupirle a la cara, cantándole aquello de me gustan las chicas que por condición, necesitan tiempo y dedicación...
"En la lluvia pondré mi corazón de rock&roll...uhhhh nena voy a ser una rock&roll star."
Con 18 años, y alguno menos escuchaba música en la cama, con esos walkman tan aparatosos y me imaginaba tocando la guitarra eléctrica en el escenario, mano a mano con el cantante . Ahora también lo hago, pero se que nunca tocare la guitarra eléctrica y mucho menos  en un escenario rodeado de público. 
Y si ese próximo día cinco de julio, viendo al Loco, por uno de esos bucles espació-tiempo, terminara cantando a voz en grito abrazado a mi yo de 18 años, seguro que cuando acabáramos de reventar la canción de Cadillac solitario, sudorosos y desgañitados, nos miraríamos a los ojos y mi yo más joven me pasaría el litro de cerveza, me cogería de los hombros y me diría: ¡ Eyyy tío, tú molas!

Larga vida al rock!!!!! 

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