martes, 27 de junio de 2017

Sólo de lo negado



Sólo de lo negado canta el hombre,
sólo de lo perdido,
sólo de la añoranza,
siempre de lo mismo.

Cuando cerró para siempre el huerto
la cancela de espinos,
entonces inventó la queja de la lira,
la flauta del suspiro.

Y desde entonces sólo canta
en su torre el cautivo,
a su rueca la esclava,
el desterrado en el navío.

De la jaula aletea y sangra
el pájaro desconocido;
salir quiere y no puede:
su jaula es él mismo.

Y por eso el minero canta,
por un sol de oro limpio;
canta el pobre, la pena canta;
no canta el rico.

Entre las piernas de la amiga,
vida busca el amigo,
y se encuentra con un tesoro,
de verdes ojos fríos.

Y así es como canta el hombre,
por su niño antiguo,
y la boca sin pan y sin besos
y el cielo vacío:

siempre de la añoranza, de lo negado,
de lo perdido;
siempre de lo de otro,
nunca de lo mío.

Agustín García Calvo

jueves, 22 de junio de 2017

Fan fiction: La batalla de Cuernavilla



Trilogía del Señor de los Anillos: Las dos torres       
                                                                      
La batalla de Cuernavilla

          El rey Théoden sabía que la resistencia no se podría prolongar mucho más y que de seguir las cosas así, ésta sería su tumba y la de todos los defensores y refugiados tras sus muros. Su decisión no podía ser otra que morir como un rey, encima de su caballo y enfrentándose cara a cara con las fuerzas de la oscuridad. Moriría luchando antes que quedarse encerrado entre cuatro muros, sin esperanza de salvación. Decidió por tanto que a la mañana siguiente haría sonar el cuerno de Helm y sería la señal para que acompañado por su guardia, cargase a caballo contra la masa  que atenazaba la fortificación.

El amanecer del día siguiente se rompió con un rugido y una inmensa llamarada que se llevó por delante, la bóveda de la puerta de Cuernavilla, colapsándose toda la muralla principal. Los orcos dieron grandes gritos y se arremolinaban a los pies de los restos del muro preparados para lanzar el ataque definitivo. Súbitamente sonó el gran cuerno de Helm en lo alto de la torre. Su sonido se extendió por todo el abismo y esté le devolvió el eco como si otros cuernos fuera soplados en respuesta. Las tropas oscuras se estremecieron creyendo que un gran ejército se precipitaba hacia ellos. Un clamor se elevó desde el interior de la maltrecha fortaleza. Los jinetes gritaron con todas sus fuerzas: ¡Helm!¡Helm!¡Helm ha despertado y retorna a la guerra!¡Helm ayuda al rey Théoden! En medio del clamor de aquellas gargantas, apareció el rey montado en su caballo, a la derecha Aragorn y tras ellos los Señores de la Casa de Eorl el Joven. La luz del día iluminó el cielo. Théoden llamó a la carga a sus Eorlingas y se arrancó al galope. Tras él, el resto de jinetes, acero, cuero y rabia. Entraron como un torrente a través de las huestes de Isengard, detrás de ellos los hombres que se habían refugiado en las cavernas, que se sumaron al ataque conscientes de que era su única opción. Aragorn apretaba sus rodillas sobre su montura, mientras descargaba con saña su espada y no dejaba de recordar las palabras de Gandalf: Espera mi llegada con la primera luz del quinto día, al alba mira al este.


 No todo estaba perdido, el mago no faltaría a su palabra, en breve lo verían aparecer, en el horizonte, al frente de los leales a Rohan y del ejército al completo de Gondor. Su presencia haría retroceder a los enemigos y los cuernos volverían a vibrar para celebrar la victoria de hombres y elfos. Había que aguantar un poco más y Gandal vendría.
 
            La carga del rey y sus valientes continuaba, pero el desconcierto inicial de las  huestes de Saruman estaba remitiendo y desde el fondo del valle se estaban reorganizando en cerradas filas para enfrentarse a los bravos jinetes. Los rohirrim y sus aliados seguían golpeando y abriéndose paso, aunque su avance se hacía cada vez más lento, por cada uruk-hai  que caía, otros dos ocupaban su lugar.
 
           Aragorn miraba al este, escudriñaba el horizonte, el sol se elevaba y las primeras luces ya despuntaban. No había señal del mago. Apretó los dientes y de nuevo espoleó a su montura a la vez que daba un certero tajo sobre el cuello de una de aquellas criaturas. Si hoy tenía que ser su último día, no sería en vano.
 
            Los brazos pesaban cada vez más, los ijares de los caballos blanqueaban de sudor, sudor que también resbalaba por la espalda de los guerreros que los dirigían y el enemigo se hacía cada vez más denso. La acometida perdía fuerza, engullida por las nutridas columnas de orkos.
 
           Ya apenas podían avanzar, tal era la densidad de la hueste enemiga. La mortandad entre los jinetes se incrementó, una vez aminorado su paso. Los fieles a Théoden cerraron filas a su alrededor, ya no veían a los desdichados que les habían seguido a pie. Los cientos de uruks se cerraban sobre ellos como una tenaza de hierro. Aragorn miraba al este, el sol coronaba el cielo, no tenía miedo a la muerte. Avanzó hasta ponerse al lado del rey, éste le miró, irguió la cabeza y con sus últimas fuerzas gritó: ¡Avanzad sin temor a la oscuridad! ¡Luchad, luchad jinetes de Rohan, caerán las lanzas, se quebrarán los escudos, pero aún restará la espada! ¡Cabalgad, galopad, cabalgad hasta la desolación y el fin del mundo!... ¡MUERTE!
 
©Jesús J. Jambrina  
 

miércoles, 21 de junio de 2017

Una despedida



Una despedida

Tarde que socavó nuestro adiós.

Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un
                                                                  ángel oscuro.

Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda
                                                      intimidad de los besos.

El tiempo inevitable se desbordaba sobre el abrazo inútil.

Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros
                                     sino para la soledad ya inmediata.

Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.

Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra
                                                    que ya el lucero alivia.

Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de
                                                                         tu abrazo.

como quien vuelve de un país de espadas yo volví
                                                                  de tus lágrimas.

Tarde que dura vívida como un sueño

entre las otras tardes.

Después yo fui alcanzando y rebasando

noches y singladuras.

José Luis Borges

martes, 20 de junio de 2017

Mis lecturas previas al verano de 2017


 "Orbita", de Miguel Serrano Larraz. Libro de relatos de quién ha sido durante este año, profesor de algunas de las clases de un taller de literatura al que asistía, un día por semana. Me ha parecido un buen profesor y tenía mucha curiosidad por leer cosas de él. Empecé con este libro de relatos cortos. Me ha sorprendido gratamente, hay un cierto batiburrillo de estilos, algunos (estoy pensando en uno en concreto, en el que aparece un cuadro), con finales tan postmodernos, que no es que queden inconclusos, sino que directamente se va por los cerros de Úbeda. Hay un par que son realmente brillantes, entre ellos el que cierra el libro, me dejó sin habla. Lectura recomendable, ligera y variada.
 
 
"Canción dulce", de Leila Slimans. Comienzas el libro y en las primeras líneas recibes un directo al mentón que te deja casi sin sentido, entre mareado y sorprendido continúas su lectura, hasta la última página.
Este libro, fue una recomendación de mis libreros de cabecera (los de la librería París, que tantos años llevan asesorándome), me advirtieron que no leyera nada de la contraportada del libro para no "contaminarme", que me introdujera de golpe en la novela. Y así hice: un chapuzón, un salto sin pensarlo y efectivamente, me cortó la respiración de la impresión. Me dijeron que no podría dejarlo. Todas las recomendaciones dieron en el clavo. Lectura de esas que te enganchan, te sacuden y a al vez describen una realidad muy cercana. Yo, os lo recomiendo igualmente.
 
 
"Autopsia", de Miguel Serrano Larraz. Este libro era una auténtica incógnita. Había leído previamente varias críticas y pasabas de un extremo a otro. De críticas ácidas y muy cañeras (recuerdo una que rezaba: "No todos podemos ser Paco Umbral", y se despachaba a gusto), a otras donde ensalzaban la frescura, el estilo, la proyección de su autor. Así que era necesario sacar mis propias conclusiones, teniendo en cuenta, que Miguel, era unos de mis profesores del taller de literatura. Él mismo no parecía demasiado satisfecho con su libro, lo consideraba un cierto fracaso.
Una vez leído, la verdad es que a mi me ha gustado. He reconocido perfectamente esa Zaragoza de la que se habla y me han parecido interesantes los personajes que aparecen. También la fina línea entre la realidad y la literatura. Me ha entretenido. Incluso podría decir que es un compendio de relatos, de pequeñas historias que se van sucediendo y entrelazando, con saltos en el tiempo. Lo dicho, lectura más que entretenida.

lunes, 19 de junio de 2017

CAJAS

 
 
¿En cuantas cajas cabe una infancia?
¿Cuantos recuerdos se hacen añicos en cada mudanza?
¿Donde quedaron los sueños que embalamos?¿Se han perdido?¿Están esperando en la habitación de al lado?¿En otra vida?
Esta tarde llorare junto a unas vidas empaquetadas y unos recuerdos extraviados. Recogiendo mi memoria en cajas llenas de burbujas o desechando aquellos momentos, que ocupan mucho o pesan demasiado. Vamos soltando lastre y lo que no lo es. Borramos huellas y vivencias.
¿Cuándo los objetos, se convierten en testigos mudos de tiempos pasados?
¿Hay sueños todavía cerrados de la anterior mudanza?
¿Quizás sea el momento de no seguir cargando con ellos?
Las cosas tienen el valor que se les da. Demasiadas cosas, demasiados años, demasiados recuerdos, demasiados juegos, como para varias vidas, tantos y tantas que provocan un nudo en la garganta.

jueves, 15 de junio de 2017

Tú, cuya mano



Ayer descubrí este poema y quería traerlo por aquí:


Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de luna de Nuruquimagua,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.

Agustín García Calvo

viernes, 9 de junio de 2017

El valor de una vida.

 
 
La noche del lunes al martes de esta semana, aterricé en Madrid a la una de la mañana, cuando estaba previsto llegar sobre las 22:30. El vuelo era desde Moscú, y ya había estado un par de horas de viaje para llegar al aeropuerto moscovita, es decir, llevaba todo el día viajando y deseando llegar cuanto antes, y más si tenemos en cuenta que aún tenía que ir, muy cargado, por cierto; desde el aeropuerto a donde había dejado el coche y luego hasta Zaragoza. Así que entre unas cosas y otras no conseguiría meterme en la cama hasta las seis de la mañana. Teniendo en cuenta que a las diez tenía que ir a trabajar, debía dormir muy rápido para conseguir descansar algo.
 ¿Cuál fue el motivo de ese retraso de dos horas y media?
Pues bien, ese retraso fue debido a un aterrizaje urgente en el aeropuerto de Frankfurt. Una señora mayor, rusa, tuvo un serio problema de salud, tan serio que de no ser por la intervención de un matrimonio formado por un médico y una enfermera, no habría sobrevivido al vuelo. Tuvo un episodio cardiaco, donde gracias a una hábil maniobra de reanimación, el doctor consiguió volver a poner ese delicado corazón en marcha. La mujer hacía tres meses había sido operada y volvió a tener problemas. El aterrizaje en Alemania permitió que los servicios de urgencia se hiciera cargo de ella, para así monitorizarla e ingresarla. No había ninguna garantía de que hubiera llegado al aeropuerto de Madrid con vida, a pesar de la eficaz intervención de esa pareja, que en definitiva, y entre otros, le salvaron la vida.
Esa decisión de aterrizar a mitad de camino para dar asistencia adecuada a ese cuadro médico entiendo que fue decisión del piloto, que salió una vez aterrizados a ver el estado de la señora; y de la compañía. Decisión que se tradujo en esas dos horas y media de retraso, con lo que compañeros nuestros perdieron el autobús y el ave y tuvieron que pasar la noche en Madrid hasta poder, de madrugada; coger un transporte a Zaragoza. Lo mismo pasó con otros pasajeros que tenía vuelos de enlace internacionales. Eso supone un coste económico a la compañía, serio, pues debería hacerse cargo de algunas de esas estancias de enlaces, billetes retrasados e incluso, alguna reclamación por parte de los viajeros. Pero no dudaron, era más importante la vida de una persona que el coste económico, el trastorno, o lo que quiera que fuese. Una decisión que nos devuelve la fe en la gente. No sólo se hacen las cosas en base a criterios económicos, mercantiles o de conveniencia. Hay gente capaz de poner todo su empeño, físico, mental y económico para salvar a otra persona.
La actuación del piloto, ejemplar. Del matrimonio que se prestaron inmediatamente a asistir a la señora, extraordinaria. La actitud de todo el pasaje, digna de admiración, ni una sola protesta, ni una sola mala cara y creo que salvo los transfers internacionales y demás, nadie, que yo sepa, ha reclamado el importe del pasaje o a pedido compensación de ninguna clase. Es decir, todos en una medida u otra aportamos nuestro granito de arena y nos ofrecimos a ayudar. Al fin y al cabo podía haber sido mi madre, la tuya o nosotros mismos.
Y mientras, apenas un par de días antes, de esta situación, donde se dio semejante valor a la vida humana, unos mal nacidos, arrancaban otras de manera gratuita en Londres, con maldad y alevosía, a simples transeúntes, turistas y personas que tuvieron la mala suerte, de coincidir en el mismo lugar y en el mismo momento, con unas alimañas, para las que una vida, no vale nada.