lunes, 15 de mayo de 2017

Lecturas de primavera 2017.



 
"El silencio habla de ti",  de Holden Centeno. Me ha gustado mucho menos que "La chica de los planetas". Me ha parecido una lectura un poco sosa, me esperaba más la verdad, aunque tiene algún pasaje interesante. Han dicho de este libro: "...una generación que lo tiene todo para ser feliz y no sabe cómo...". "...Una historia de amor donde dice más el silencio que lo que se dice...".
 
 
"Aunque caminen por el valle de la muerte", de Álvaro Colomer. Me ha sorprendido muy gratamente. Empecé a leerlo con cierto prejuicio, había leído alguna crítica que decía que ponía a parir al ejército español y que no era preciso con el relato de los hechos. Pues para nada, describe la situación de manera correcta y su narrativa es extraordinaria y ágil. Las circunstancias que se vivieron allí fueron complejas y la gente que participó en esa misión lo sabe, como siempre los políticos no estaban al nivel de los que estaban desplegados sobre el terreno y de ahí vinieron los encontronazos. Unos iban a la guerra y otros como el ejercito español a una misión de paz, con gobierno en funciones y atenazado por la opinión pública y cogiéndosela con papel de fumar. Sí es cierto que el escritor emite algún juicio en algún personaje que se lo podría haber ahorrado, también es cierto que los construye perfectamente y el resultado final me ha encantado. Muy recomendable.
 
 
Otra visión del mismo hecho la tenemos con Lorenzo Silva y el sargento primero  Luis Miguel Francisco con el libro: "Y al final la guerra".  En este caso es un ensayo y su lectura es algo más tediosa que el libro de Colomer pero igualmente muy recomendable.
 
 
"De que hablo cuando hablo de escribir",  Haruki Murakami. Un libro fácil de leer, en la línea de otro que escribió titulado "De que hablo cuando hablo de correr". en este último hablaba de correr e intercalaba el tema con escribir, en el primero, habla de escribir y lo intercala con correr. Bueno, lectura suave, ligera y que resulta interesante si tienes el prurito de la escritura. Sin más pretensiones.
 

jueves, 11 de mayo de 2017

Fragmento del relato: La nota



La nota (fragmento)


Hace un tiempo, el mundo de los adultos me resultaba extraño y ajeno. Vivía una realidad, donde mis límites estaban perfectamente marcados, rodeado de cajas de metal, de colores llamativos, que encerraban enormes tesoros, o de tambores de cartón en cuyo vientre latían los más valientes ejércitos de soldados de plástico, esas eran mis fronteras. Era un mundo de espadachines, vaqueros, airgamboys y "cliks" de famobil, de muñecos articulados, tardes de pan con chocolate y pequeñas aventuras.

Vivíamos en una ciudad pequeña y la calle era casi una extensión de nuestro hogar. Todos se conocían y eso nos permitía tener una independencia que en otro lugar no hubiera sido posible. Esa libertad estaba controlada por nuestras madres, que sabían desde donde tenían que gritar nuestro nombre, para que dejáramos de jugar a polis y cacos y nos dirigiéramos sin tardanza a nuestra casa a bañarnos, o cenar en el mejor de los casos. Esa movilidad también tenía su precio, pues en muchas ocasiones ejercíamos de recaderos o mensajeros del Zar, haciendo pequeñas compras, el pan, la leche, el aceite o llevando breves misivas de aquí para allá.

Las madres eran omnipresentes en nuestras vidas. Elegían la ropa que teníamos que ponernos por las mañanas. Tenían la capacidad de elegir siempre lo que más picaba, lo que menos nos gustaba o lo menos funcional, petos de cuadros con perneras campana, jerseys de lana con cuello cisne, que eran morir en vida o trencas cerradas con colmillos de sabe Dios que animal prehistórico. Nos indicaban lo que debíamos vestir, decir, comer, hacer y hasta pensar. Las madres todo lo controlaban, podían con todo y su presencia eclipsaba a la de nuestros padres, que pasaban el día fuera de casa, haciendo lo que hacen los mayores, trabajar y esas cosas.
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©Jesús J. Jambrina  

lunes, 8 de mayo de 2017

Silencios.


El dibujo no es mío, si no de un artista que hizo un dibujo al día durante un año, basado en su relación de pareja.

Silencios.

La palabra impostada en silencio,

con la exquisita elocuencia de lo callado,

abre la herida de lo que no dices.

El reproche mudo de tu mirada,

me grita con inusitada rabia,

 y llena de ruido tus ausencias.

El discreto clamor de tu desdén,

sordo rumor de tu desprecio,

amordaza el sonido de tu voz.

 ©Jesús J. Jambrina  

 
Inspirado en el libro de Eloy Tizón, "la velocidad de los jardines" y la frase:

“la exquisita elocuencia del silencio”.