miércoles, 27 de julio de 2016

Me enamoro de mí.



Me enamoro de mi...

Cada vez que soy capaz de sacudirme la pereza y hacer algo productivo.
Cada vez que aprendo algo nuevo, que me sorprendo con algo.
Cada vez que viajo.
Cada vez que tomo unas cervezas con amigos que merecen la pena.
Cada vez que acudo a jugar a padel con colegas.
Cada vez que veo brillar unos ojos que me miran.
Cada vez que me acabo un libro.
Cada vez que logro una meta, y cuando me pongo año tras año, metas y objetivos que cumplir.
Cada vez que soy capaz de explicar lo que se me pasa por la cabeza.
Cada vez que puedo perdonar una ofensa o un desplante.
Cada vez que voy al teatro o al cine.
Cada vez que cojo mis lapiceros o plumillas y me pongo a dibujar.
Cada vez que aprendo una nueva canción en la guitarra.
Cada vez que veo una serie en compañía.
Cada vez que soy capaz de enlazar acordes sin parar aunque sea de una melodía inventada.
Cada vez que juego con mis hijos.
Cada vez que me río y se ríen conmigo a carcajadas.
Cada vez que me acerco a la orilla del mar y pierdo mi mirada en el horizonte.
Cada vez que me ilusiono.
Cada vez que me envuelve un recuerdo bonito.
Cada vez que soy capaz de alegrarme con la dicha de los demás.
Cada vez que soy capaz de dejar el estrés a un lado y me centro en lo importante.
Cada vez que soy capaz de distinguir lo importante de lo superfluo.
Cada vez que abrazo a mis seres queridos y les dedico el tiempo que se merecen.
Cada vez que creo en mi, mis posibilidades y mis capacidades.
Cada vez que me levanto de un tropezón y pienso cual será el siguiente paso.
Cada vez que escucho con atención y valoro la opinión y el criterio de los demás.
Cada vez que me atrevo con un nuevo reto.
Cada vez que preparo un guiso que está para chuparse los dedos.
Cada vez que salgo a la naturaleza.
Cada vez que soy capaz de decir: Ole tú!
...
Y así, día tras día, voy construyendo este idilio, conmigo mismo.

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