viernes, 20 de mayo de 2016

Hilos

 

Hilos.

Nos sostienen unos lazos invisibles.

Pendientes son de un hilo nuestras vidas,

nuestros caminos impredecibles.

Hilvanados y tejidos nuestros afectos,

con el hilo de tus ojos negros profundos,

 desde donde me gustaba asomarme.

Contemplar desde tu mirada, el futuro.

Ese futuro que ya no será  nuestro,

si no el tuyo y el mío, cada uno el suyo.

Apenas la memoria de aquel tiempo,

 en que todo fue posible,

y nuestros destinos se liaron

y nuestros caminos coincidieron.

Cómo naufragó mi vida

en la playa de tu recuerdo,

y como volvimos a los mismos errores

y a querernos tan mal como siempre.

Aunque algún día, al recordarme

te darás cuenta que ni yo te quise tan mal,

ni tu me quisiste, ni tanto, ni tan bien.

Cómo a pesar de todo y aún así,

anhelaba  dibujar  mis amaneceres en tu espalda.

Hasta que cada día amanecía más lejos de ti,

más distante, más frío, más aterido.

Rodeado de una bruma que te borraba,

hasta no sentir nada, salvo el vacío bajo mis pies,

el leve vaivén de la navegación en soledad,

y la ausencia del que ya no espera nada.

Perdida la tensión de tu mirada

de tu afecto y de tus noches,

aún seguía tachando los días,

en los que no estábamos juntos.

Aquellas promesas descalzas,

los bolsillos vacíos de esperanzas

y una maraña de pensamientos,

que  se enredaban en mi ánimo.

 
©Jesús J. Jambrina
  

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