martes, 31 de mayo de 2016

Echar el ancla.



Echar el ancla,
atarte a un sitio.
Plegar las velas,
dejar de mirar al horizonte,
abandonar la lectura de la estrellas,
buscando la osa mayor.
Abandonar tu sextante,
arriar las jarcias.
Acabar ese periplo a ninguna parte,
abandonar el viaje,
y en cierto modo comenzarlo.
Abandonar los terrenos ignotos,
la exploración,
dejar de ser pionero,
volver a zona amiga.
Llegar al puerto de los abrazos cálidos,
las buenas noches y buenos días con un beso.
Echar el ancla,
parar,
encontrar tu sitio.
Quizás haga falta más valor,
que para salir a lo desconocido.
Cerrar tu lata de recuerdos,
el cajón de los sueños,
el libro de los viajes pendientes.
O porqué no, dejarlos a la vista,
en la estantería, al alcance de la mano,
en el salón de la que será vuestra casa.

©Jesús J. Jambrina


Mi cita preferida de Peter Pan:

"- Hay muchas formas distintas de ser valiente. Se es valiente cuando se piensa en los otros y no en uno mismo, aunque papá jamás ha blandido una espada ni ha disparado una pistola, gracias a Dios, pero ha hecho muchos sacrificios por su familia y ha dejado a un lado muchos sueños.
 
- ¿Dónde los ha dejado?
 
- Los ha dejado en un cajón. Y a veces, por la noche, los sacamos y los admiramos. Pero cada vez resulta más difícil cerrar el cajón. Él lo hace. Y por eso es tan valiente.

Peter Pan. La gran aventura."

miércoles, 25 de mayo de 2016

¿Por qué no volvemos?


De Risto Mejide: Domingo, 12 de octubre del 2014 :
                    
Por qué no volvemos. Recuérdamelo, por favor. Por qué no nos queremos de vuelta, de segunda mano o de ocasión. Por qué. A ver, si es que había tantas razones, es que te juro que las había. Es que hasta las llegué a apuntar en algún sitio. Y ahora va y no las encuentro. Justo cuando más las necesito. Justo cuando sólo recuerdo todo aquello que juré olvidar. Así que si no te es mucha molestia, recuérdame por qué no nos dejamos de hostias. O por qué me las sigo dando yo.
Por qué no volvemos. Por qué me despierto y lo primero que hago es pensar en tus fotos. Pero si las metí en el fondo del cajón ese que ya ni abro. El de las cosas perdidas aposta. El de los recuerdos que son demasiado grandes para llevarlos encima. Malditas fotografías. Malditas emulsiones enmarcadas en vidrio. Escaparates de 15x9 que ya sólo te venden saldos, instantáneas con retraso de lo que pudo ser y no fue. Por qué las escondí allí, si se me agarran a la retina día sí día también. Por qué hago ver que no las veo, si no me hace falta ni mirarlas, si ya me las sé.
Por qué no volvemos. Por qué no dejo de seguir tus pasos. Por qué entro de puntillas en las redes sociales como quien entra a por algo que se dejó. Por qué analizo tus fotos, tus gestos, tus lugares y tus palabras. Por qué veo en cada nuevo amigo o contacto tuyo un potencial enemigo. Por qué me da miedo que me olvides con ellos, que me entierres sin mí. Por qué busco señales que al fin y al cabo tú ya no emites. Por qué. Eh. Por qué.
Por qué no volvemos. Por qué no he sido capaz de volver a sentarme en la única mesa maldita de nuestro restaurante. Por qué salgo todas las noches como si nada, como si jamás te hubiese conocido. Y por qué les acabo pidiendo a todas que hagan de ti. Que les gusten tus mismas cosas. Que se rían como lo hacías tú. Por qué las comparo siempre contigo. Qué culpa tendrán ellas de no alcanzarte. De no saber que me exististe. De no poder acabarse este final.
Por qué no volvemos. Por qué sigo mirando el móvil cada dos horas simplemente para ver si estás en línea. Por qué empiezo a escribir siempre el mismo mensaje. Uno que arranca con un por qué no volvemos. Uno que sigue explicándote cuánto te echo de menos. Que ya casi olvidé tus defectos. Que me quedé solo a soportar los míos. Que ya es mucho soportar para una sola persona. Y por qué, cuando acabo el mensaje perfecto, le doy siempre al borrado completo en vez de al enviar. Por qué no te llamo cuando tengo tantas ganas de hablar.
Por qué no volvemos. Dímelo, de verdad, tan sólo recuérdamelo una vez más. Aunque te cueste algún que otro esfuerzo. Hazlo por este pedazo de vida tuya que sigue a la deriva de los recuerdos. Por los viejos tiempos. Por este mal sabor de boca después de algo tan dulce. Por lo que fuera yo en tu vida. Por lo que sea. Por lo que fui.
Yo la verdad es que no he aprendido. Sigo estando igual. Me siguen haciendo daño las mismas cosas. Me siguen emocionando las canciones de siempre. Sobre todo ahora, que sé que en realidad todas me hablaban de ti. Me sigo haciendo muchas trampas al solitario. Me veo con los mismos amigos a los que les ruego que no me hablen de ti. Hasta que les acabo preguntando yo. Ah, y he vuelto al microondas, que cocinar para uno ya sabes que no vale la pena. Supongo que soy aún más difícil. Imagino que el gas noble de mis manías se habrá expandido hasta ocupar parte del hueco que dejaste tú. Y seguramente, a base de vivir conmigo, me habré vuelto mucho más yo.
Por eso, te podría decir que he cambiado. Que ahora sí que sí. Que ahora entiendo por qué no funcionó lo nuestro. Que por qué no volvemos. Que por qué no intentarlo, sabiendo lo que sabemos. Pero te estaría mintiendo, y lo haría simplemente para conseguirte de nuevo, para volverte a tener, para volverme a dar a ti.
Nos estaríamos engañando de nuevo.
Y volveríamos dispuestos a ello, tan sólo por lo mucho que nos queremos.
Tan absurdo como cuando estábamos juntos y tras cada silencio resonaba siempre la misma pregunta.
Por qué no lo dejamos.
 

viernes, 20 de mayo de 2016

Hilos

 

Hilos.

Nos sostienen unos lazos invisibles.

Pendientes son de un hilo nuestras vidas,

nuestros caminos impredecibles.

Hilvanados y tejidos nuestros afectos,

con el hilo de tus ojos negros profundos,

 desde donde me gustaba asomarme.

Contemplar desde tu mirada, el futuro.

Ese futuro que ya no será  nuestro,

si no el tuyo y el mío, cada uno el suyo.

Apenas la memoria de aquel tiempo,

 en que todo fue posible,

y nuestros destinos se liaron

y nuestros caminos coincidieron.

Cómo naufragó mi vida

en la playa de tu recuerdo,

y como volvimos a los mismos errores

y a querernos tan mal como siempre.

Aunque algún día, al recordarme

te darás cuenta que ni yo te quise tan mal,

ni tu me quisiste, ni tanto, ni tan bien.

Cómo a pesar de todo y aún así,

anhelaba  dibujar  mis amaneceres en tu espalda.

Hasta que cada día amanecía más lejos de ti,

más distante, más frío, más aterido.

Rodeado de una bruma que te borraba,

hasta no sentir nada, salvo el vacío bajo mis pies,

el leve vaivén de la navegación en soledad,

y la ausencia del que ya no espera nada.

Perdida la tensión de tu mirada

de tu afecto y de tus noches,

aún seguía tachando los días,

en los que no estábamos juntos.

Aquellas promesas descalzas,

los bolsillos vacíos de esperanzas

y una maraña de pensamientos,

que  se enredaban en mi ánimo.

 
©Jesús J. Jambrina
  

jueves, 19 de mayo de 2016

La ilusión.

 
 
¿Lo notas?
¿El que?
Ese cosquilleo...
...
es la ilusión.

No hay distancia, ni falta tiempo, ni las tardes son cortas, ni los desplazamientos largos, ni los besos suficientes, ni el dinero poco..
Y de repente... no está, desaparece.
Te envuelve la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor, de que estamos en tiempo de descuento. Todo molesta y todo incomoda.
Una última cena echándonos en cara las cosas que no nos funcionan. Como otra última cena hay una traición, una traición a nuestro recuerdo y a nuestro futuro.
Levantarse deseando creer que todo fue un sueño...
Pero no, es real, lo nuestro es un arroyo seco, del que ya no podemos esperar nada más.
Miramos hacia atrás y lo recordamos lleno de agua, corriendo por su cauce.
Yerto y seco, lo contemplamos con incredulidad, por aquí pasaba agua y mucha.
Las heridas que llevaban tiempo cerradas se han vuelto a abrir, y de la brecha supura la desazón y el desencanto, bilis y amargura. Hurgar en las heridas nunca trajo nada bueno.
Sólo piensas huir de ese dolor, poner tierra de por medio, abandonar esa parte de tu recuerdo, para siempre.
 
"Y la palabra siempre desesperaba...".
 
 ©Jesús J. Jambrina

jueves, 5 de mayo de 2016

Mis lecturas. Abril de 2016.

El 23 del mes de abril se celebra el día de San Jorge y el día del Libro.
Siempre me ha gustado este día del Libro, lo disfruto visitando los puestos, comprando alguno para mí y como no, con un vermut torero.
El Paseo de la Independencia se llena de puestos para exponer la novedades editoriales, y los autores se afanan en las dedicatorias de sus libros. Desde luego es un día ideal para ampliar nuestros horizontes lectores.
Este año además lo he disfrutado doblemente, pues por la tarde acompañé a un autor, Jorge Torres, en su puesto, viendo como su "Los genios ya no nacen", tenía una estupenda acogida por las personas que se acercaron por allí. Desde luego yo aporté mi granito de arena y compre un libro para regalar. A parte, a mis hijos les compré a cada uno de ellos un libro o un comic, a elección, y aún nos llevamos unas cuantas cosas a casa.
Aquí una pequeña muestra:
 


Las lecturas que he terminado esta primavera han sido las siguientes:
 
 
- "La noche que Frankenstein leyó el Quijote", de Santiago Posteguillo. El típico libro que te lo bebes en dos tardes. Muy interesante. Una serie de historia en relación a la literatura y a las obras universales y personajes y autores de la misma. Muyyyyyy bueno.
 

- "Como si fuera esta noche la ultima vez", de Antonio Asón. Una increíble sorpresa. Está escrito de una manera exquisita. Un manejo del lenguaje y de los recursos literarios magníficos, pero no se queda sólo en eso, una historia bien construida, sorprendente, llena de humanidad, anhelos y ternura, de las que te llega. Tremenda, extraordinaria. De lo mejor que leído últimamente.
 

- En este día del libro me compre en la editorial Tropo este libro: "Novienvre". También su lectura me duró un verbo. El autor muy agradable,  en un receso de la tarde me fui a una terraza y me lo encontré con la que me presentó, era la correctora del libro. Me preguntó si había encontrado alguna falta de ortografía, en ese momento no caí, pero le tenía que haber dicho que el propio título "Novienbre", una divertida anécdota. Es una novela, corta, breve, apenas unos breves recuerdos plasmados de una manera muy correcta, muy bien escrita, con oficio, pero no me ha llegado, me he quedado con la sensación de que me ha contado  cosas, pero no se, que no eran para mí.


- " La sonrisa del León", de Roberto Malo. Libro de relatos breves, con ilustraciones a lápiz, a los que ya nos tiene acostumbrados Roberto, como siempre entretenidos y originales.


- "Dispara yo ya estoy muerto", de Julia Navarro. Es un libro que me ha costado acabarlo una eternidad, al contrario de lo que me pasó con "Dime quién soy", de la misma autora y casi de la misma extensión. Es un libro muy interesante, pero se me ha hecho pesado. Me ha durado mucho, muchísimo más que esta primavera, venía arrastrando su lectura desde hace un año. Por fin lo he podido terminar. Es interesante, pero a mi no me ha enganchado. Una vez acabado no digo que me haya decepcionado, pero se me  ha "hecho bola".

Me está esperando una nueva remesa de lecturas, a las que estoy deseando hincar el diente. Tendré que buscar hueco entre todos los proyectos que ahora mismo ocupan mi cabeza y mi tiempo, y cuando las vaya finiquitando, las traeré de nuevo por aquí.
 

martes, 3 de mayo de 2016

Tristeza.


 
Hay días, sí, esos días, en los que vas a tu guardarropa y no encuentras otra cosa que ponerte que tristeza.
Buscas en la cómoda del dormitorio, rebuscas entre los cajones y sólo encuentras más tristeza.
Miras por la ventana y sólo ves un desolado paisaje, un zumo ocre que cubre los tejados y los árboles.
Los pájaros emigran a lugares más cálidos y alegres. Sólo se oyen ruidos de bocinas y coches acelerando.
Antes de salir abres el armario de la entrada y te pones tu abrigo de desesperanza, esperando quitarte ese frío que te quema hasta la entraña.
Caminas aterido, mientras, puedes ver tu propio vaho mientras respiras, como si te fumaras tu vida, como si pegaras fuego a tus esperanzas y tus sueños. Ves como se convierten en humo, cada vez que exhalas el aire.
Repites entre dientes aquello de cómo pudo sucederme a mí, porqué a mí, y sabes que la respuesta es simple y porqué no a ti. No eres tan especial, no eres único, tu historia es tan vieja como la misma humanidad. Y sufrirás o disfrutaras, pero esa vida te pasará por encima como una apisonadora, dejando reducidas a cenizas, bien compactas, todos esas ideas, esos anhelos de cristal, que explotan en mil pedazos debajo de ese inmisericorde rodillo en que se ha convertido tu existencia.
Así, aplanado, sin relieve, caminas por ese paisaje lleno de cráteres de explosiones, ese paisaje calcinado, lunar, mientras te aferras a ese abrigo, intentando impedir que el frío te devore el alma.

©Jesús J. Jambrina