viernes, 16 de octubre de 2015

Octubre.


No se ni por donde empezar. Muchos días sin escribir. Las fiestas del Pilar ya agonizantes.
Los días son más cortos, la rutina sigue sin llegar. El frío se instala en nuestras vidas, ya no nos dejará hasta dentro de unos meses.
Cábalas y cábalas, cosas que si y cosas que no, unas cosas muy claras y otras cogidas con pinzas.
Trabajo, ocio, proyectos y recuerdos, dificultades y momentos dulces, futuro y pasado, tejidos a nuestro alrededor como hilos de la misma rueca.
A veces estamos exactamente donde queríamos y otras veces a cientos de kilómetros de aquí.
Willy Toledo, faltón y retrógrado, con un discurso vano, estúpido y simplista.
Vuelta después de muchos años a un concierto de hombres G, la mayor concentración de cuarentañeros en Zaragoza, canciones de una juventud apenas estrenada.
 
 
En un momento balance de toda una vida, con una visión periférica y panorámica. Carretera, kilómetros, bienvenidas y despedidas, el ciclo de la vida.
Todo esto nos ha traído octubre, y en nada el muy canalla, nos traerá el invierno, el final del año y de nuevo al punto de salida, con más años, a veces más sabio y a veces más tonto, con menos tiempo en los bolsillos y con otro nuevo año por delante, dispuesto de nuevo a forjarnos una realidad que a veces se empeña en darnos la vuelta y otras veces nos deja hacer, como un niño bueno al que peina delicadamente su madre.