lunes, 3 de noviembre de 2014

Hábitos.


Dicen los entendidos, los expertos, los estudiosos, que bastan; o formulado desde el lado contrario, que son necesarios, al menos 21 días, para convertir un acto en hábito. Para instaurar una rutina, una actividad en nuestro día a día, y ya continuarla, sin esfuerzo, gracias al "hábito" adquirido.
21 días, dicen, ni uno más ni uno menos.
Menos de 21 días me costó a mi acostumbrarme a tu sonrisa, a tu sentido del humor, a tu pelo ensortijado y rebelde y a tu mirada limpia y pizpireta.
Menos de 21 días a tu cazadora de cuero y a tu estilo en blanco y negro. A tus pañuelos en el cuello y a tu chaquetilla por si acaso refresca.
En menos de 21 días soñé cómo sería una vida contigo, las mañanas con tus buenos días y tus abrazos.
En menos de 21 días ya echaba de menos tus caricias en los brazos, tu divertida manera de ver las películas, como si tú misma estuvieras inmersa en la acción, viviendo y vibrando con los personajes del celuloide y tu voz, aún cuando cantabas.
Muchos menos de 21 días para disfrutar de beber diamante bien fresquito, o un buen moscato de Asti, o un rioja crianza, que no sea Ramón Bilbao por favor, en noches interminables o en sobremesas eternas.
Menos de 21 días para buscar contigo un buen foie fresco en el Bula, o unas tapitas en el centro o un jamoncito y ensalada de tomate en el Malvasía, mientras decíamos que mañana empezábamos a correr, que de mañana no pasaba, seguro.
Menos de 21 días para compartir cervezas bien fresquitas, aunque tu no deberías, y hablar de nuestras cosas, de como es la gente o de como somos todos, de quien me mandaría a mi meterme en obras y cosas por el estilo.
Algo más de 21 días para ver juntos los Miserables o para viajar a destinos, que sólo les faltaba la playa para ser perfectos.
21 días dicen los entendidos.
Eso dicen ellos, en cualquier caso, con 21 días , con más o con menos, te has convertido en estos meses, en mi mejor hábito.




 

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