lunes, 19 de mayo de 2014

On road...


Las "road movies", seamos sinceros, en muchas ocasiones son un auténtico coñazo, películas de huidas a ninguna parte, persecuciones, la desesperanza recorriendo una carretera en mitad de nada. La filmografía está plagada de títulos de este género.
Sin embargo la sensación de estar "on road", aunque no tengas claro a donde vas a llegar, es una de las sensaciones más agradables. Sientes que estás vivo, casi puedes notar como entra el aire en tus pulmones y la vida recorre cada una de tus venas. Tu pulso se acelera y disfrutas de la velocidad, del aire golpeándote en el rostro, el cambio de paisajes y de estaciones. Del cambio, del movimiento, de que cada día es en cierto modo diferente del anterior, aunque tú, en tu persona y tus etcéteras, sigues siendo el mismo.
Hace un año de tantas cosas, que prefiero no pensarlo. Seguiré "on road", mientras la máquina aguante y mi espíritu sea salvaje e inconformista.
La carretera va quedando atrás, y los kilómetros pasados no los volveremos a pisar, cada día es una promesa, una oportunidad y un reto.
Decía además ayer Punset, en su artículo del Semanal, que el hombre es optimista por naturaleza, y eso le lleva a tirar hacia adelante, con el pensamiento de llegar más lejos, más rápido, más alto.
Dice literalmente: "...Ese carácter optimista es necesario para que podamos tirar adelante, para emprender para innovar, y es el motor que nos impulsa hacia la felicidad. De no existir esta visión optimista de lo que nos depara el futuro, les aseguro que no avanzaríamos en nuestra búsqueda de la felicidad. De hecho, no haríamos nada. En realidad es en este camino, en la propia búsqueda, donde reside la felicidad".
Así que aquí seguiré, "on road", adelante, siempre adelante, con optimismo. Dejándome sorprender en cada recodo del camino. Cada vez  con menos equipaje y con más capacidad de asombro, porque no estoy de vuelta de nada..., mas bien en camino a todo.
 

sábado, 10 de mayo de 2014

Explosiones descontroladas.


De un tiempo a esta parte, tengo la sensación que no tomó las decisiones, si no que las decisiones me toman a mi.
Las palabras y lo que se dice, son como un auténtico explosivo, que se debe de manejar como sí de un bote de trilita se tratará, de otro modo a veces los diálogos nos explotan en las manos.
Revientan bajo nuestros pies y nos arrojan con violencia de donde estamos, sin posibilidad de volver a la situación anterior a la deflagración.
En ocasiones destrozan nuestro entorno y sólo quedan girones de nuestra anterior realidad. Deja en ruinas lo que teníamos, haciendo imposible continuar en ese lugar o en esa situación.
Siempre se ha dicho que hay tres cosas que no vuelven jamás, el tiempo perdido, la flecha lanzada y la palabra dicha. O aquello de que uno es señor de sus silencios y esclavo de sus palabras.
A veces, algo dicho fuera de tiempo, o inadecuado, o exacerbado, o con intención de generar una reacción, nos lleva a escenarios y situaciones indeseados, y no queda más remedio que apretar los dientes y asumir las consecuencias de los resultados. No ya de las acciones, pues las palabras a veces llegan más lejos que los hechos y entonces, la vuelta atrás es imposible.
No nos queda más que sacudirnos el polvo caído sobre los hombros, y pisando los escombros salir de allí, con las esperanza de que la próxima vez seremos capaces de afrontar la situación con más precaución y que no se producirá la deflagración.
Y si a pesar de manipular ese bote de trilita con delicadeza, se produce la explosión, siempre nos queda recordar: cool guys don't look at the explosions. 

viernes, 9 de mayo de 2014