jueves, 7 de noviembre de 2013

"Buscar cada día una ilusión".

 
El martes tuve el privilegio de asistir a una ponencia de Emilio Duró. En pocas palabras, si este hombre liderara una religión, me haría automáticamente acólito de la misma.
Salí encantado, en hora y media fue capaz de dar la vuelta a la realidad como si de un calcetín se tratara, y resaltar lo que en definitiva es importante en la misma y lo que no.
A los de cuarenta años en adelante, nos llamó "putada genética", la genética empeñada en acabar con nuestra existencia y nosotros empeñados en vivir 100 años.
Dejó pinceladas que desde ya, formarán parte del lienzo de mi realidad. Muchas de las cosas que nombró ya formaban parte de mi, y otras sin duda lo irán haciendo, conforme el paso de los años sea capaz de sintetizarlas y añadirlas.
La vida es puro viaje, hay vías que se cierran y otras mágicamente, se abren.
No hay que dejar de perseguir nuestros sueños, pero hay que dejarles cierta ventaja, para no atraparlos nunca, de este modo nunca nos decepcionarán y nos tendrán en un estado de gozosa y continua búsqueda.
Hace poco me pidieron, que escribiera algo sobre nuestra vergonzosa clase política, con todo lo que está cayendo, pero me temo que este es un problema indisoluble, en el que poco podemos hacer, alcanzado las cotas de amoralidad que están alcanzando, así que hoy patalearé poco y sólo diré que igual que los bancos no dan crédito, yo retiro, desde este mismo momento, el mío a todos estos pelagatos electos, que en un momento u otro van a dirigir o dirigen, las administraciones que afectan de una u otra manera mi existencia.
A todos aquellos que metan, hayan metido o estén metiendo la mano en la caja, ojalá os lo gastéis en medicinas contra las hemorroides y muráis de cornada de burra. No os deseo otro mal.
El viaje nunca deja de sorprendernos con nuevos paisajes, nuevas rutas y nuevas vivencias. El mapa no es el territorio, éste hay que patearlo, hoyarlo, vivirlo. 
Y como decía Machado, espero que cuando el viaje llegue a su fin, me pille ligero de equipaje, pero con muchas vivencias, muchos compañeros de viaje, que en su momento enriquecieron mi periplo, con una sonrisa, una anécdota o un abrazo y feliz, viendo como otros seguirán su viaje, en el que yo ya sólo seré un bonito recuerdo, en una estación, de la que partimos, hace ya muchos años.

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