jueves, 12 de septiembre de 2013

Septiembre, vuelta al cole.

 
Como todos los años la resaca del verano nos arroja a un septiembre con aroma escolar, con renovadas metas y en algunas casos, con cierta incertidumbre.
Un comienzo de curso, una vuelta al cole, a la rutina, para muchos es una promesa, una nueva oportunidad, un estreno, el primer día del resto de nuestra vida.
Mientras, los quioscos se llena de colecciones que se abandonarán a la segunda entrega. Los gimnasios regalan la matrícula a los que se han jurado a sí mismo ponerse en forma. Las depresiones postvacacionales están a la orden del día. Se venden estuches, pinturas y libros de textos. Y los días van acortando, cansados ellos también de los días interminables del verano.
Estos días atrás me comentaba un amigo, que había evolucionado, que se encontraba en un estadio próximo al Nirvana, ya que este curso lo comenzaba sin nuevas metas, ni nuevos desafíos, ni con idea de cambiar de nada de su vida anterior al periodo estival. Evidentemente  un estadio superior. Antes del verano tuvo la valentía de dejar su trabajo por cuenta ajena y ser su propio jefe, está donde quiere estar. ¿Una "rara avis"?¿Un privilegiado?¿Un inconsciente? Tenía un sueño, está instalado en él, y sabe que le va a costar esfuerzo, trabajo y dedicación, pero eso no cuesta cuando es tu sueño, cualquier esfuerzo es poco.
Me daba sincera envidia, yo hace ya un tiempo que no tengo sueños, más allá de los espacios comunes que tenemos muchos, más tiempo con los seres queridos, más actividades con los peques, deporte, lectura, amigos, reconocimiento profesional, tranquilidad económica, la búsqueda de la felicidad, ... pero no un sueño, una meta onírica, más bien un transitar, disfrutando el camino eso sí, pero sin una meta de ensueño en el horizonte.
A mí septiembre, sí me pilla con intenciones renovadas, pero no consigo marcar una que me deje extasiado, es todo como muy de andar por casa. Quizás también sea éste un estado superior, quizás no hace falta plantear una quimera, o un sueño inalcanzable, porque se está bien como se está, el camino es el correcto y lo único que falta es seguir dando un paso, seguido de otro y ya veremos donde nos lleva. Disfrutaré del paseo, como siempre.