miércoles, 28 de septiembre de 2011

En el dique seco.



-Ya lo he dicho alguna vez, hay días en que uno no tiene ni ánimo de lucro. Sólo le apetece pastorear cabras en alguna cañada real, con el cielo como techo y la bota de vino como contertulio y confidente.


-Los excesos se pagan, siempre, en lo bueno y en lo malo. Falta de calentamiento, sobreesfuerzo y así acaba uno, con el gemelo al punto de sal.


-Decía una famoso eslogan de hace tiempo, que el saber no ocupa lugar. Estoy totalmente en desacuerdo, después de haber hecho las mudanzas que he hecho y las que te rondaré morena, yo digo que sí ocupa y mucho. Esto hace que me plantee serieamente la posibilidad del e-book, algún libro seguiré comprando, pero me parece que el papel en breve, dejará paso a la pantalla de LCD.


-El dinero nos hace esclavos. Este sí que es opio para el pueblo.


-Felonías e ingratitudes pasan todos los días, pues de felones e ingratos está el mundo lleno.


-Decía aquel que los experimentos con gaseosa, pero el que rompió el primer huevo para hacer una tortilla, tampoco las tendría todas consigo.


-En el eterno dilema entre si el huevo o la gallina, definitivamente me alíneo con los gallinopensadores.


-No hay mal que cien años dure, ni economía y ánimo que lo resista.


-Los oasis facilitan la travesía del desierto.


-Hay búsquedas que carecen totalmente de sentido o que están completamente fuera del alcance del buscador. La resignación, pasa a ser la mejor opción, sino la única.



lunes, 26 de septiembre de 2011

Partes de guerra



Magnífica recopilación de relatos, inspirados y ubicados en nuestra pasada Guerra Civil.


Martinez de Pisón aglutina una serie de relatos, una novela coral, con diferentes autores, de una u otra tendencia.


Plumas de primer orden como Delibes, J. Sender, Ana María Matute, Antonio Barea y un buen número más.


Una visión del conflicto desde diferentes ángulos y miradas. Imprescindible.


Os dejo unos enlaces que comentan algo más del libro.




martes, 20 de septiembre de 2011

El downshifing



Bonito palabro y más bonita filosofía, rayando la utopía, pero bueno, algún punto hay que se puede cumplir sin demasiada complicación.


Recordad aquello de si un hombre puede cambiar, el mundo puede cambiar.


"El downshifting consiste, básicamente, en trabajar menos para vivir más, en renunciar a sueldos altos o un estilo de vida establecido a cambio de tener más tiempo libre y ser dueños de él. Estos son algunos de los mandamientos que proponen:


-Cancelar todas las tarjetas de crédito menos una, reservándola para las emergencias
-Tener una sola cuenta bancaria y pagar siempre en efectivo
-Llevar al día una libreta de gastos
-Hacer uno mismo las reparaciones del hogar
-Renunciar al coche o comprar uno de segunda mano
-Usar el transporte público o compartir el vehículo con los compañeros de trabajo
-Vivir lo más cerca del trabajo, de forma que se pueda comer en casa e ir y venir andando
-Organizarse el trabajo para hacer 30 horas o cuatro días por semana
-Dejar de fumar
-Perder peso
-Reducir el estrés todo lo que se pueda
-No llevar reloj si uno no lo necesita
-Hacerse socio de la biblioteca para no tener que comprar, en lo posible, libros ni revistas
-Salir de compras sólo cuando sea necesario, y comparar los precios con otras tiendas
-Comprar ropa y muebles de segunda mano
-En general renunciar a gastos superfluos
-Veranear en un camping mientras se alquila la casa propia "



Jajaja y yo añadiría: dejar de comer para los gastos, estupenda medida anticrisis.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Poema: "Esos locos que corren"



Yo los conozco.
Los he visto muchas veces.
Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle
un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan…
sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían
y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles,
serpentean caminos de tierra,
trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida,
esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera,
pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques,
se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro
y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas,
escuchan a los horneros y a las gaviotas,
escuchan sus latidos y su propia respiración,
miran hacia delante, miran sus pies,
huelen el viento que pasó por los eucaliptos,
la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y
entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto.
No están bien de la cabeza.
Usan championes con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.
Están tratando de ganarle a alguien.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco,
pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan
y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla,
como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol,
pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres.
No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros
y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida
y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: "Cinco que corren parecido a mí".
Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan,
le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran,
sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce
o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas
para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo,
el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar,
el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho,
la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar,
arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr
y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más!
No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.
Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda,
a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número,
simplemente por que no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar,
Tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más,
la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras,
las puntadas empiezan a repetirse
y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos.
Yo los conozco bien.
Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo
que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo
les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice "Llegué, tarea cumplida".
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza,
se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida
porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo,
abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces.
Están mal de la cabeza.
Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después,
respetan al último y al penúltimo
porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha,
ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.
Compran todas las fotos que les sacan
y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda
verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar
que esa se la entregaban a todos,
incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos,
subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas,
golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos
-consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan,
se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza.
Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira,
se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

Poema de Marciano Durán.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Zancadas I

* "Winter is coming", y ni Jon Nieve, nos librará de lo que tiene que venir. Cuando veas las barbas de los griegos pelar, pon las tuyas a remojar...


* De vuelta de tierra de corsarios, para piratas los políticos, y lo de Rubalcaba, no tiene nombre. La demagogia no tiene límites, vamos a machacar a los ricos malososo y dárselo a los pobres de la clase media, por eso subimos los impuestos. Aún no he leido la reducción de los consejeros a dedo, ni la reducción de la estructura de las administraciones solapadas, ni nada de reducir el caterin de 600.000 € del viaje presidencial a Turquía, por algo más económico de cacahuetes y patatas fritas. Sólo saben lo de subir los impuestos, pero no os preocupéis, sólo a los ricos... Ja, ja y ja, increible cara dura.


* Nuevo curso y nuevos retos en el hotizonte, duathlón y media maratón, el ironman lo dejaremos para más adelante, al igual que la Matahombres, pero todo llegará. ¿Qué no?


* Hay que salir de España para comprar petardos, sin embargo si tuviera una hija, podría abortar sin que yo lo supiera, las cosas definitivamente, no guardan una proporción.


* Quemando banderas de España, bonita manera de defender el catalanismo y el catalán, luego dicen que no se les tiene simpatía, a fuerza. Pues se siente, Barcelona is SPAIN. Esos que llevaban el mechero seguro que no conocen la figura de Prim, catalán y español hasta la médula, NO SON CONCEPTOS EXCLUYENTES.


* Cuando consigues que correr sea una actividad suave y placentera, ¿es que has alcanzado el Nirvana?, el portal místico te espera... pues NO!, tienes que aumentar la distancia, espabilao, camastrón que diría alguno.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Pedaleos VIII



* Doy hoy mis últimas pedaladas del verano, mañana vuelven los niños al colegio, con ilusión y cierta resignación, nadie les ha preguntado realmente que quieren hacer o donde quieren reencontrase con sus amigos, motivo éste, por el que la vuelta se hace más ligera.

* La vuelta al cole, nos recuerda que somos mortales y que el tiempo es un bien escaso y huye rápidamente.

* Los silencios son muy elocuentes, más que muchos discursos.

* Lo mejor y lo peor, conviven en una brizna de tiempo.

* De nuevo el comienzo de curso, nos recuerda lo que somos o podríamos haber sido. En los niños es una promesa y en los adultos una tozuda realidad.

* Me hastían los papeles, la oficina me aplasta, yo también quiero correr por los pasillos y jugar en el recreo con los amigos que fueron y los que no.

* Hay distancias insalvables, otras por el contrario, apenas se superan con un pensamiento.

* LLegó el momento de bajarse de la bicicleta y coger el plumier. La escuela nos espera, los profesores, los amigos, las aventuras otoñales, ainsssss...la melancolía reclama su hueco.