viernes, 29 de abril de 2011

Una luz amiga.



He ilustrado muchas entradas de este blog con fotos e imágenes de faros.

El faro, es una imágen alegórica del rumbo a seguir, del calor del hogar, de la esperanza, de lo correcto, del destino, de la fortaleza contra los elementos, a veces hasta de la figura paterna que nos aleja de las rompientes y lechos rocosos.

Una luz, en mitad de una galerna, nos da confianza, nos anima a seguir y nos dice que vamos por el buen camino.

Una luz amiga nos evita perdernos para siempre, nos devuelve a casa, con los nuestros, los que siempre han sido y los que siempre serán.

jueves, 28 de abril de 2011

Idealizar la realidad




Recientemente ha fallecido la actriz María Isbert, hija del también célebre Pepe Isbert.



Tras una trayectoria vital y profesional, digna de elogio, me quedo con una frase que dijo en una de sus últimas declaraciones en público:



"El verdadero secreto de la felicidad no es realizar los ideales, sino en idealizar la realidad, hacerla bonita...".



Una gran enseñanza de vida.


Pintemos nuestra realidad de los colores del arco iris, desafiemos el gris de nuestro entorno.


Pongamos color en nuestra vida y hagámosla bonita, aunque a veces en la paleta de nuestra exsitencia, los tonos ocres predominen.


jueves, 14 de abril de 2011

Pensamientos fugaces.


La consciencia en una débil llama, que tilila al ritmo de las corrientes de aire.


Las palabras en muchas ocasiones son la máscara tras las que nos escondemos.


Arrastrar a los demás a nuestros defectos es una canallada.


La libertad es un camino de ida y vuelta, no de una sola dirección.


La indolencia es una forma de tiranía.


El sobervio piensa que es el único que decide hacia donde va.


martes, 12 de abril de 2011

Sol de primavera.


Recuerdo perfectamente, y no olvidaré nunca esa sensación; los amaneceres de primavera en Teruel.

Desde la ventana de mi cuarto veía reflejarse el sol en la fachada de un edificio de ladrillos que quedaba a la derecha, lo que era promesa de un cálido y primaveral día.

Al abrir la ventana, llegaba un fresco aroma, entre flores y ozono, tibio. Siempre he echado de menos ese aroma al abrir la ventana en Zaragoza, aquí muchos días te llega el olor que despide una papelera cercana, humos y ruido.

Aquellos despertares se hacían sin ruido de coches, sólo los pájaros trinaban para saludar a la primavera.

41 primaveras en mi haber, he perdido el aroma de mi niñez, la promesa del soleado día y la tranquilidad al despertar.

Ahora todo son prisas, tubos de escape y ajetreo.

O el mundo y la vida han cambiado o yo me he metido en la vorágine de una ciudad y una vida adulta que no entiende de luces y aromas, sino de objetivos, crisis y crispaciones.

Y aún con todo, cada día es un regalo, cada minuto un reto, cada encuentro una aventura.

Hay muchas cosas por hacer, muchos proyectos que llevar a cabo.

Lo de los sueños, cumplidos o no, se lo dejo a aquellos que en abril aún no han quitado el árbol de navidad. Yo prefiero realidades, luchar por lo que uno considera importante y el pragmatismo, que realmente convierte los anhelos en hechos.

A mitad de camino, ya no hay opción de volver hacia atrás, ni ganas, con un gran recorrido por delante, queda elegir bien la senda.

lunes, 4 de abril de 2011

Abril.



Y llega el mes de abril, como siempre, presuroso y envuelto en fina lluvia.


Este mes me recuerda siempre que el tiempo pasa, aquel famoso "tempus fugit", y que mi vida pasa con él.


En algún sitio he leído, que este mes, del renacimiento, nos invita a preguntarnos a donde nos dirijimos.


Para mi, efectivamente, es un mes introspectivo.


Recuerdo meses de abril, buenos, malos y regulares.


Es un mes poético, al que se refieren poetas y cantantes, como paradigma de la primavera o la felicidad, yo la verdad, y conforme cumplo años, me resulta un mes de autoevaluación, y ha pasado de gustarme con locura a soportarlo con resignación.


Resignación que me permite levantarme todos los días para acudir a mi trabajo y no llenar mi mochila de sueños y locuras, y perderme por los montes rodenos de la sierra de Teruel.


sábado, 2 de abril de 2011

Doña Inés.


¡Cálmate, pues, vida mía!

Reposa aquí, y un momento

olvida de tu convento

la triste cárcel sombría.

¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,

que en esta apartada orilla

más pura la luna brilla

y se respira mejor?


Esta aura que vaga llena

de los sencillos olores

de las campesinas flores

que brota esa orilla amena;

esa agua limpia y serenaq

ue atraviesa sin temor

la barca del pescador

que espera cantando al día,

¿no es cierto, paloma mía,

que están respirando amor?



Esa armonía que el viento

recoge entre esos millares

de floridos olivares,

que agita con manso aliento;

ese dulcísimo acento

con que trina el ruiseñor

de sus copas morador

llamando al cercano día,

¿no es verdad, gacela mía,

que están respirando amor?


Y estas palabras que están

filtrando insensiblemente

tu corazón ya pendiente

de los labios de don Juan,

y cuyas ideas van

inflamando en su interior

un fuego germinador

no encendido todavía,

¿no es verdad, estrella mía,

que están respirando amor?


Y esas dos líquidas perlas

que se desprenden tranquilas

de tus radiantes pupilas

convidándome a beberlas,

evaporarse, a no verlas,

de sí mismas al calor;

y ese encendido color

que en tu semblante no había,

¿no es verdad, hermosa mía,

que están respirando amor?


¡Oh! Sí, bellísima Inés

espejo y luz de mis ojos;

escucharme sin enojos,

como lo haces, amor es:

mira aquí a tus plantas, pues,

todo el altivo rigor

de este corazón traidor

que rendirse no creía,

adorando, vida mía,

la esclavitud de tu amor.

Don Juan Tenorio (Zorrilla)