jueves, 27 de enero de 2011

Un variao.

Pues eso, de temas varios y más después de unas semanas ajetreadas, en aficiones y trabajo, que poco o nada me permiten acercarme al blog a filosofar.
Cuando estudiaba filosofía, me gustaba mantener charlas interminables con un tío mío que estaba puesto es todos estos temas. Ser un filósofo retribuido, debe ser una de las mejores opciones laborales que pueda existir.
Leía no hace mucho, que este país se va al carajo, ya veremos, no se donde irá, lo que sí se, es en donde está, y es duro.
La incertidumbre nos mata, nos absorve. Esperar tiempos mejores, es puro tiempo perdido.
Un dia perdir mi brújula, la exterior, la interior creo que no la controlamos nosotros.
Rutas vitales y mapas de tiempo, análisis sin aplicación, aplicaciones sin análisis.
Ya he dicho alguna vez que el ajetreo, la ocupación nos salva de nosotros mismo, pero muchas veces, en ritmo frenético nos condena a perder la vida en tareas y acciones que no elegimos, o que no nos reconfortan.
Los éxitos son efímeros, los fracasos eternos.

martes, 18 de enero de 2011

viernes, 14 de enero de 2011

El campesino optimista.


Hace mucho tiempo, en un pueblo muy pobre vivía un campesino con su hijo.

El campesino era tan pobre que lo único que tenía era la tierra que labraba, una pequeña choza de paja donde se refugiaban él y su hijo durante el duro invierno, y un viejo caballo que había heredado de su padre y que era la única ayuda que tenía para labrar la tierra.
Un día el caballo se escapó, dejando al pobre campesino sin medios para trabajar. Pero el campesino no se entristeció, pensó que si había pasado así, quizá sería por su bien.
A los pocos días el caballo volvió acompañado de una hermosa yegua. Ahora tenía dos caballos y sus vecinos le felicitaron. Pero el campesino no se alegró pues no sabía si aquello sería bueno para él y su hijo. Los vecinos del campesino no entendían que no se alegrara por este hecho, tuvieron que esperar para comprenderlo.
Unos días más tarde, el hijo del campesino trató de domesticar a la Yegua, pero en el intento se cayó y se rompió la pierna. Muchos de sus amigos y vecinos fueron a visitar al joven herido para darle todo su apoyo. Quedaron sorprendidos cuando el padre les dijo que no estaba seguro de que aquel accidente fuese una desgracia.
Después de unos meses, en el país se declaró una guerra, se buscaron a los jóvenes sanos y fuertes para ser enviados al frente de batalla. El hijo del campesino fue el único muchacho joven que no fue reclutado por su pierna rota.
El joven se recuperó y pudo ayudar a su padre en las labores del campo, además los dos caballos tuvieron crías que ayudaban a trabajar el campo por lo que el padre y su hijo empezaron a ser menos pobres.
Antes de alegrarte o entristecerte por algo pregúntate a ti mismo si lo que te ha pasado es una desgracia o una bendición. Hay que ver más allá de las apariencias.
Cuento Zen.

jueves, 13 de enero de 2011

Píldoras de sabiduría.


Las denominadas "píldoras de sabiduría", son un auténtico placebo.

Para desasnarse hace falta un tratamiento más contínuo y profundo.

miércoles, 12 de enero de 2011

martes, 11 de enero de 2011

Valga la redundancia.


Fatalidad, después de días de no tocar el blog, me pongo muy aplicadamente y al final de hilvanar las ideas y el texto, plufffff, desaparece.
¡Ahhhhhhhhhhhggggggg!!!

¿A donde va la inspiración perdida?¿A donde las ideas borradas?
Busco desesperadamente el botón de "deshacer" , pero no lo encuentro.
Respiro, medito, inspiro...
Ah sí, por donde iba...

A propósito de los propósitos, por eso lo del título de valga la redundancia; el comienzo del año ha sido algo frenético. Me parece que hace al menos dos meses que celebramos el año nuevo y sin embargo, apenas han transcurrido unos días.
Ni listas de cosas para olvidar, ni lista de cosas para hacer, ni la explicación del porqué la foto del burrito en el blog. Esa sigue ahí, en el limbo de las ideas pendientes de inspiración. Una de mis proposiciones para este año, sin duda, es poner esa explicación.

Comienza el año y asusta, parece que nos aproximemos a unas enormes fauces, dispuestas a devorarnos como nos acerquemos más de lo recomendable.

Lo mejor de mi, vuelve al colegio, juega y ríe.

Lo peor de mi, resopla y se angustía con los flecos sueltos.

La actividad nos despista de la realidad, estemos activos. Pero de vez en cuanto, sentémonos tranquilamente en la puerta, sin prisa, difrutemos de una buena compañía, bajemos nuestro ritmo vital y escuchemos entrar el aire en nuestros pulmones, el latido de nuestro pulso, la fuerza de nuestros pensamientos, y en ese momento seremos conscientes de nuestra realidad, y del valor del tiempo, del tiempo que pasamos con nuestros seres queridos.